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Taty Stuart cuenta cómo aprendió a coser

Desde niña rompía pantalones y blusas
  • Por Camile Roldán Soto
  • 15 ABR. 2018 - 07:00 AM
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Durante su infancia, la mirada curiosa de Taty Stuart solía detenerse en cada movimiento de manos de su abuela cuando ella se dedicaba a coser. Atenta y fascinada, observaba a la mujer que la crió trazar con la aguja rutas de hilo en pedazos de telas que transformaba en la segunda piel de mujeres y niñas del barrio.

“Lo único que le pregunté una vez fue cómo se cortaba una manga”, recordó Taty al rescatar en su memoria aquellos tiempos de aprendiz precoz en el barrio Miraflores de Arecibo.

Con el paso de los años, las preguntas acerca de la labor que doña María Martínez realizaba continuaron surgiendo. La costura era una especie de acertijo y, para descifrarlo, la niña creció rompiendo pantalones, blusas y cuanta pieza de ropa encontraba. Era su afán aprender cómo crearlas ella misma.

Y lo logró en grande. Nunca cosió ropa para las muñecas sino que con apenas 13 años ya elaboraba trajes para sus tías, primas y hasta maestras. En la clase de economía doméstica, era ella quien hacía los trabajos de sus compañeras y por eso se buscaba problemas.

“Con mis compañeras de escuela diseñaba la ropa y tú me veías cosiendo en los carros, haciendo los ruedos cuando íbamos a los ‘parties’ de la ‘high’. Yo cosía la ropa del grupito completo y nos hacíamos más o menos el mismo estilo con diferentes colores y botones. ¡Eso era tan bello! En el último momento estaba la gente estrenando ropa hecha por mí”, relató entusiasmada, sentada frente a una de las tres máquinas que utiliza para coser en su casa trajes de graduación, ropa casual y vestidos de novia.

Educar el arte de zurcir

Como Taty, muchas costureras aprendieron a coser en sus casas, rodeadas de otras mujeres de la familia que cosían para ellas mismas, para otros miembros de su clan o clientes. Hoy, hay quienes opinan que estas modistas autodidactas cada vez son menos porque, entre otras razones, han surgido muchas alternativas para estudiar que incluyen desde grados asociados hasta maestrías.

“Cuando yo estaba en la ‘high’ realmente eran pocas las ofertas académicas. Cuando estudié a los 16 años la única era la escuela de Carlota Alfaro”, explicó la diseñadora Lisa Thon.

Bea Rodríguez Suárez, diseñadora hace 18 años y propietaria de su atelier en Miramar, tuvo una experiencia similar. “Quise estudiar diseño aquí pero no había programas. Lo que había era clases costura. Y me tuve que ir a estudiar a San Francisco”, señaló.

La escuela de Alfaro, hoy conocida como Carlota Alfaro College, fue establecida por la diseñadora en el 1965. Fue una decisión que ella tomó “sin pensarlo ni nada” luego de enseñar durante un tiempo en el Liceo de Arte.

“A los dos años yo ya no era parte de la escuela pero las estudiantes querían estudiar. Por esa causa establezco la escuela y desde entonces fue apoteósico porque no había ninguna otra. En un momento dado tuve 600 estudiantes a la misma vez”, contó la veterana diseñadora.

Para crear su programa de enseñanza, Alfaro pasó tres años trabajando en un modelo bien organizado que entiende ha sido un factor muy importante para la acogida de su escuela. Los alumnos pueden revisar los libros que ha hecho y repasar o aclarar dudas guiándose por ese material.

El Carlota Alfaro College está dirigido a la alta costura, pues a su creadora le interesaba particularmente preparar a las estudiantes -también han habido muchos varones- para tener un negocio propio, no a coser para trabajar en fábricas como las que abundaron en Puerto Rico hace décadas.

Orgullosa, la diseñadora sostuvo que ha logrado su meta. Aproximadamente 22,000 personas se han graduado de su programa y muchos egresados hoy son nombres importantes dentro del mundo de la moda, como es el caso de Harry Robles y Lisa Thon, quien hace dos décadas fundó su propio lugar para enseñar-Centro Moda- que hoy forma parte de EDP University. El centro ofrece un grado asociado de diseño de modas digital en San Sebastián, Hato Rey, Humacao y Manatí.

De acuerdo con Thon, quien dirige este departamento, el interés por la carrera ha ido creciendo, no solo entre las féminas sino entre los hombres. Otro cambio importante es que gracias a las herramientas de la tecnología es posible mercadear o incluso vender el trabajo a través de las redes sociales.

Taty, por su parte, siempre tuvo el deseo de estudiar diseño de modas, pero por diferentes circunstancias rechazó la oportunidad de hacerlo cuando vivió en Nueva York. Eso no impidió que perfeccionara su destreza con los años. Entre los miles de vestidos que ha cosido en su casa están los del séquito de la boda de Olga Tañón e Igor González, atuendos para Daniela Droz y su hijo, el salsero Michael Stuart.

Lo más que le gusta de su trabajo es ver la cara de satisfacción de sus clientas al probarse las piezas, mirarse al espejo y sentirse bien vestidas. Aunque su agenda suele estar colmada de compromisos, especialmente durante los meses previos a las graduaciones, este año no ha sido igual. Lo atribuye a lo dura que está la economía tras el huracán María en septiembre.

Por eso, últimamente le ha dedicado más tiempo a otra área que le apasiona: la creación de artículos de decoración para el hogar, incluyendo cojines, cortinas y manteles. Le encantaría tener una tienda pero igual está contenta y se siente afortunada por haber dedicado tantos años a su vocación. Para ella, no hay fecha de jubilación. Sentada frente a alguna de sus máquinas de coser el tiempo pasa más rápido y feliz.
 

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