Loader

Rosa Lourdes Ortiz es la reina de las pasarelas

La veterana modelo es la nueva encargada de preparar a las candidatas de Miss Universe Puerto Rico en el área de proyección
Rosa Lourdes lleva 36 años en el modelaje y se mantiene vigente en las pasarelas locales. (Foto: André Kang)
  • Compartir esta nota:

A principios de la década de 1980, cuando los estándares de belleza en el modelaje eran muy rígidos y muchas agencias se empeñaban en buscar a una mujer con facciones “perfectas”, Rosa Lourdes Ortiz decidió luchar contra ese estereotipo y demostrar que era posible triunfar sin dejar de ser ella misma.

Tres décadas después de esa primera vez que pisó una pasarela, la experimentada maestra de modelos busca transmitir ese mensaje de individualidad y superación a las jóvenes que aspiren a representar a la Isla en uno de los certámenes de belleza más importantes del mundo.

Y es que, hace unas semanas, Denise Quiñones, directora de la franquicia de Miss Universe Puerto Rico, delegó a Rosa Lourdes la tarea de brindar los talleres de pasarela y proyección escénica tanto de las candidatas como de la reina.

Para la veterana modelo esta no es una tarea nueva, pues tuvo a su cargo la preparación de reinas puertorriqueñas como Deborah Carthy Deu, Dayanara Torres y Alba Reyes, entre otras.

No obstante, está consciente de que los tiempos han cambiado y de igual forma lo que se les exige a las reinas de hoy.

El ‘look’ de la reina cambió mucho hace mucho tiempo. Si vemos lo que se buscaba en el tiempo de Deborah Carthy, era una dama clásica, hermosa. Cuando vamos a Dayanara, era un poco más natural. Cuando pasamos a Denise, ya es un espectáculo de mujer, ya no es una mujer clásica, sino una moderna e innovadora. Cuando llegamos a Zuleyka, tenemos una belleza y una espontaneidad que no era permitido para los tiempos de doña Marisol Malaret y Deborah Carthy”, describe.

Teniendo en cuenta esa transición, Rosa Lourdes está decidida a mantener la elegancia de antes, pero con “un toque de espontaneidad y mucho modernismo”. Para lograrlo, la maestra destaca que toda reina debe querer serlo, saber comunicarse y estar dispuesta a dedicarle mucho tiempo a su preparación, sin que esto ponga en peligro ni su salud ni su integridad.

Por eso, a raíz de los rumores de que los certámenes de belleza se prestan para establecer redes de prostitución, Rosa Lourdes no puede hacer otra cosa que repudiar el comportamiento de gente experimentada que se aprovechan del deseo que algunas jóvenes tienen de triunfar en la industria de la moda y la belleza.

En la piel de una modelo

Photo

Con 51 años de edad, 36 de ellos dedicados al modelaje, Rosa Lourdes asegura con orgullo que se mantiene vigente en las pasarelas locales.

Su historia resulta inspiradora, pues ha sido mucho lo que ha tenido que luchar para hacerse paso en este mundo tan competitivo, tanto a nivel local como internacional.

Sin ser tan alta como muchos dicen que debe ser una modelo, llegó a las pasarelas de París y desfiló con los mejores diseñadores del mundo. También ha tenido la oportunidad de cultivar una faceta que la llena de satisfacción, que es la de maestra en el campo del modelaje.

¿A qué edad comenzaste en el modelaje y cómo llegaste a ser una profesional en este campo?

Empecé a los 15 años. Siempre he sido una buena “tomboy” y todavía lo soy. Por eso, mis tíos me regalaron un curso de modelaje en D’Rose. Mi familia se sintió contenta porque yo iba a dejar de estar trepándome en los árboles e iba a ser una niña más refinada. Lo cual creo que nunca ocurrió.

Cuando entré a D’Rose, a mí me gustaba el modelaje, pero no hacía nada cercano a eso. Mi familia es muy humilde, venimos de Barrio Obrero y mis tíos me hicieron el favor de este gran regalo.

Para entrar a D’Rose en ese entonces, tenías que hacer una entrevista con la dueña. Me acuerdo como ahora que me dijo: “Te tienes que operar la nariz y no eres muy alta. Tienes buen cuerpo, pero si no te arreglas la nariz no vas a hacer nada en el modelaje”. Y me dije, “cómo le voy a decir a mi papá que me tengo que hacer una cirugía plástica. Aparte de que con esta nariz fue con la que nací”.

¿Qué hiciste para sobresalir en este campo?

Nadie quería utilizarme aquí en Puerto Rico, así que comencé a prepararme para ir a ITMSA, que es la convención de modelaje en Nueva York, que hoy día es IMTA. Fui, gané y me ofrecieron modelar en Francia. Estuve nueve meses viviendo en Francia. Esa experiencia fue bien bonita.

Lo flaca que yo era, que no funcionaba en Puerto Rico, la nariz ancha que no se veía estilizada, lo bajita que era que nada de eso funcionaba aquí, me funcionó muy bien allá.

Tenía 18 años cuando me fui a vivir a París. Fue una experiencia fabulosa. La agencia que me contrató, Glamour Collections, tenía una división de fotografía y una división de pasarela. Te daban la opción de escoger. Obviamente, mi pasión es la pasarela y yo escogí pasarela. Al noveno mes dije que me iba para mi casa porque estaba extrañando al perro. Quedé en volver y nunca regresé.

Cuando llegué a la isla, todo el mundo quería saber quién era Rosa Lourdes, que modeló en Francia. Todo el que me daba la espalda, entonces me conocía. Así fue que empezó mi carrera aquí, cuando regresé de Francia. Nadie es profeta en su tierra.

De ahí Fomento Económico hizo un movimiento para llevar a 10 modelos de Puerto Rico a modelar a Japón y me fui a Japón.

¿Cuáles son los mayores cambios en esta industria?

Si hablamos a nivel de estilo de modelaje, en los 80 era bien estructurado, eras casi un maniquí viviente. Las vueltas en la pasarela eran bien en balance, había que tener un glamour, y ahí nos referimos muchas personas a la época de oro del modelaje, porque era todo un evento ir a ver un “fashion show”.

Ya en los 90, la moda, el arte y la tecnología comenzaron a tener unos avances y todo se volvió más sencillo. Ya era más un “street style walk”, más real y se siguió perdiendo el glamour, pero era mucho más cómodo. Todavía estaban las grandes figuras. Se buscaban cuerpos específicos, se buscaba una belleza subliminal.

Ya hoy en día está bien “street”. Todos los cuerpos están permitidos y todos los “looks”. Ahora tenemos modelos con vitiligo en las pasarelas, al fin tenemos “plus” y personas mayores entran a ser parte de los “fashion shows”.

¿Qué te parece la diversidad que se ve cada vez más en el modelaje?

A mí me gusta mucho, porque creo que el producto que nosotros vendemos, puede ser ropa (casi siempre), pero también el “lipstick”, el sazón, el “spray” de pelo, el resort. Creo que lo que hacemos con esta nueva tendencia que ocurre en el modelaje, se logra ser más real porque la persona se puede identificar.

¿Qué piensas de esta nueva generación de modelos internacionales que se han convertido en celebridades a través de las redes sociales?

Me encanta porque la experiencia de modelar es bien divertida. Estar en un “backstage” en un “fashion show” y que la gente pueda verlo, me encanta. Tomar esa interacción de todo el mundo allí y subirla a las redes, me encanta. Creo que hay un solo detalle que no me agrada tanto y es el elemento privacidad que se ha perdido.

Photo

¿Qué cualidades debe tener una buena modelo?

En el modelaje, si no tienes elegancia, no puedes vender. La proyección es algo que se perdió enormemente en un momento. En algunos “fashion shows’ no ves la ropa porque la modelo no está proyectando una seguridad y una elegancia que te hagan querer ese traje, que a lo mejor no es tu estilo ni lo que estás buscando, pero básicamente la modelo es quien lo que hace llamativo. Si no tienes elegancia y tampoco porte ni proyección, vas a tener que coger muchas clases.

¿Qué haces para mantenerte vigente en las pasarelas?

El modelaje es mi pasión. Como en todo, te tienes que reinventar. Cambió el mercado, cambiaron las reglas del juego y las normas. Por eso, tienes que estar pendiente a los cambios que ocurren en la industria y aceptarlos sin perder tu estilo. A mí me gusta el estilo y dar clases para compartir lo que sé y lo que me apasiona.

Cuando comencé en D’Rose, para poder pagar el curso avanzado hacía caligrafía para certificados y daba clases básicas de pasarela. Así fue como comencé. Luego, cuando hice el cambio de agencia y pasé a ser de Única, seguí dando clases.

Parte de lo que me ha mantenido modelando durante estos 36 años es que he podido seguir enseñando y evolucionando con las clases. Es como practicar todos los días.

¿Cómo el modelaje ha impactado otras áreas de tu vida?

Las habichuelas que llegan a mi casa están relacionadas con la moda. Trabajo para una compañía local de uniformes, soy su vendedora desde hace 24 años.

Son tantas las oportunidades que te brinda este mercado. No solamente la de ser maestra de modelaje, sino que también puedes maquillar (cogí clases maquillaje para reforzar mi currículo como maestra) y todas estas cositas te dan la oportunidad de trabajar. También produciendo eventos y ofreciendo talleres.

¿Cuál es tu rutina para mantenerte bien?

Me gusta hacerme una batida de détox por las mañanas. Tiene limón, agua de coco, espinaca, pepino, piña y aceite de coco. Ese es mi desayuno.

Me gusta el arroz, las habichuelas y las chuletas fritas. Ya últimamente he tenido que bajar un poquito así que como más ensaladas y vegetales, pero si me dejan, como como obrero tres veces al día.

El ejercicio y yo no nos llevamos bien. Parece que en algún momento el chip se me dañó. Aunque el trabajo de los uniformes es muy dinámico y hay que cargar mucho, atender una diversidad bien amplia de seres humanos te mantiene en forma.

¿Cuáles han sido esos momentos inolvidables de tu carrera como maestra?

Una de las experiencias más lindas fue cuando ganó Dayanara. Fue una emoción bien grande. Sé que todo el pueblo sintió orgullo, pero yo trabajé con ella, fui su “coach”, había una relación bien hermosa y esa emoción de ese momento fue bien linda.

Cuando Deborah Carthy Deu ganó también fue bonito. Tenía apenas 18 años y ella fue una de las primeras reinas que entrené. La emoción de Deborah era más un “accomplishment”, pero con el triunfo de Dayanara tenía el corazón que no me cabía en el pecho.

Trabajar con Ricky Martin fue una experiencia bien enriquecedora. Fue un estudiante hermoso, una calidad de ser humano tan linda. Una persona que es tal cual lo conocemos, muy especial. Trabajar con él y poder darle el training que se le dio, cuando la compañía de Angelo Medina me llevó a Los Ángeles por dos semanas para trabajar con él. Estuvimos solitos, buscamos hasta apartamento para que él se mudara cuando estuvo grabando en “General Hospital”. Fue una etapa bien hermosa. Me dio la oportunidad de conocerlo con calma para ver a un ser humano bueno.

Y en el modelaje, ¿qué experiencias te han marcado?

Yo vengo de una madre dominicana y Oscar de la Renta fue un dominicano espectacular. Por eso, modelar para él cuando vino a Puerto Rico, fue una experiencia bien linda.

Pero, tengo que decir que el momento que más me he disfrutado en el modelaje fue un “fashion show” que se hizo en las escalinatas frente a la Torre Eiffel. Allí vi a Iman y a Claudia Schiffer. Yo iba solita porque era la más bajita. Modelar en esa ocasión para Valentino fue inolvidable.

Modelé mucho para él. Ese primer “casting” que hice para uno de sus desfiles fue el primero que tuve cuando llegué a Francia. Lloré como una nena chiquita porque me perdí en la ciudad.

Fui al “casting” en medio de cientos de mujeres y yo veía sus libros, y lo que yo tenía eran tres fotos. No sabía que era Valentino. Cuando entré a la entrevista, vi a dos chicas que hablaban un español perfecto con un señor en el medio, bastante morenito. Puse mis fotos al frente y en inglés me dijo: “please, walk”.

Caminé y el señor dijo en un español medio rarito “esa es la que quiero”. Las otras dos le dijeron “¿cómo vas a coger a esta, si es una enana¿”. Y les dijo “es la única que me gusta cómo camina”.

Le preguntaron qué iban a hacer con la ropa y les contestó que le cogieran ruedo. Todo esto en español. Entonces, me miraron y me dijeron: “What’s your name?” y yo contesté: “Rosa Lourdes”. Las quijadas se cayeron a la mesa, porque obviamente, ninguna gringa se llama Rosa Lourdes, ninguna europea tampoco.

Él se puso de pie cortésmente, vino hacia mí, me dio dos besitos y me dijo; “Bella cara. Yo soy Valentino”.

¿Esperas el aplauso del público cada vez que sales a la pasarela?

Nunca lo espero. No me puedo poner lentes de contacto porque me laceré el ojo varias veces, siempre ando en espejuelos y soy casi ciega. Casi no veo nada sin espejuelos y vagamente escucho, porque me quito los espejuelos y no oigo nada. Así que busco dónde hay un poco de oscuridad al frente y sé que ahí me tengo que parar.

Honestamente, nunca espero los aplausos. Me encanta, me fascina, se siente bien rico, pero la realidad es que no veo mucho y no disfruto mucho lo que está pasando.

La clave de la felicidad

Rosa Lourdes Ortiz sabe que la vida no es color de rosa, pues ha tenido que luchar mucho para criar a sus dos hijas y mantener una exitosa carrera en el mundo del modelaje por las pasadas tres décadas.

La veterana modelo sabe que la felicidad no llega sola y hay que luchar para alcanzarla. Por eso, a continuación, comparte algunos consejos para otras mujeres luchadoras como ella.

• Quiéranse, cuídense.

• Tienen que invertir en cremas.

• No te acuestes con maquillaje.

• Tu equipo ganador es un buen salón de belleza.

• Tu equipo de vida va a ser un buen ginecólogo y un buen dentista, porque tienes que atenderte porque no vas a ser feliz si no te sientes bella.

• La elegancia nunca ha pasado de moda.

• Utiliza el cerebro, lee. Si no conoces del tema, en internet tienes toda la información al alcance de tu mano.

• No te conformes con lo que tienes, busca tus sueños y realízalos.

• Festeja la vida y no te aburras.

Créditos

Fotos André Kang

Stylist Claudia Madrid

Joyas Reinhold Jewelers, Plaza Las Américas

Peinado y maquillaje Melvin Plaza, José Rodríguez y Carlos Figueroa, de Esteban Montes Hair Care & Spa

“Jumpsuit” negro, de Heriberto Vázquez; pantallas, de Reinhold Jewelers; y calzado, de Novus.

Traje corto estilo camisero, de Heriberto Vázquez; calzado, de Novus; pantallas y sortijas, de Reinhold Jewelers.

Traje con bordado y plumas, de David Antonio.

  • Compartir esta nota:
Volver arriba