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Michelle Obama reflexiona sobre el éxito de su primer libro

En el escrito revela sus vivencias más íntimas como esposa, madre e hija
  • Por Penguin Random House
  • 10 MAR. 2019 - 08:00 AM
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Becoming es el "bestseller" en inglés. (Suministrada)
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Pasará a la historia como una de las FLOTUS (acrónimo para denominar a la Primera Dama de los Estados Unidos) más influyentes y carismáticas: en el mundo de la administración pública, en el empoderamiento femenino, en la educación, en la lucha contra el racismo, la obesidad infantil y en la moda. Hasta hizo una inesperada aparición en los premios Grammy este febrero junto a Alicia Keys, Lady Gaga, Jennifer López y Jada Pinkett-Smith.
Becoming es el bestseller en inglés, ya lo sabemos.

Pero ¿qué siente Michelle Obama cuando le dicen que su libro Becoming: mi historia, la edición en español, es el libro más vendido -y por mucho- en este idioma en Estados Unidos?

He estado gratamente sorprendida con el recibimiento que han tenido mis memorias, tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo. Cuando comencé el proceso de escritura, mi objetivo no era vender un cierto número de ejemplares o alcanzar algún rango en las listas de los más vendidos. Solo quería crear algo que fuera relevante y valioso, no solo para mí, sino también para otros. Me alienta y entusiasma que la historia esté resonando con todo tipo de personas. Mientras reflexionaba sobre mis experiencias, una cosa se me hizo muy clara y es que hay muchos aspectos que son universales en todas nuestras historias. Así que cuando alguien termine de leer el libro, espero que no se limite a reflexionar sobre mi recorrido, sino que también reflexione sobre el suyo. Espero que se dé cuenta de que hay belleza en cada una de sus historias, ya sea que vengamos del South Side de Chicago o South Central L.A., del sur del Bronx o del sur de la Florida. Porque el tipo de personas que somos es importante, en todo momento, en los fracasos y los éxitos, en la angustia y los retos que alcanzamos todos los días.

En estas páginas revela cosas muy íntimas. ¿Llegó a dudar en incluirlas? ¿Qué la impulsó a compartir con sus lectores cosas como la terapia de pareja o la dificultad para concebir?

Sentí que para mí era una obligación compartir ese tipo de detalles. Muchas personas nos ven a Barack y a mí como modelos a seguir, particularmente cuando se trata del tipo de relación que ellas desean tener. Estamos muy agradecidos por supuesto, pero no quiero que las personas se lleven una idea equivocada, especialmente parejas que recién comienzan su relación o los jóvenes que se están creando una imagen de lo que buscan en una posible pareja. No quiero que la gente piense que un buen matrimonio significa una buena foto en Instagram o un cálido abrazo en el escenario. Así que me pareció importante compartir algunas de las partes más difíciles de nuestra historia como pareja, precisamente porque las personas no suelen hablar abiertamente sobre temas como los problemas de fertilidad o conflictos matrimoniales. A menudo, ese tipo de temas se mantienen en secreto, pero son aspectos de la vida a los que se enfrentan muchas parejas y no son nada de lo que deban avergonzarse. Mi intención era que, al compartir este tipo de detalles, las mujeres y las parejas reconocieran que en el transcurso de una relación que dura la mayor parte de tu vida, es normal enfrentar algunos obstáculos.

La verdad es que unir dos vidas y permanecer juntos es un reto constante. No debemos esperar que todos los días, meses o años estén libres de complicaciones. Así es como yo lo veo: si invierten en su relación de pareja, si se escuchan mutuamente, si aprenden a perseverar en tiempos difíciles, y si eligen ver siempre el lado positivo de la otra persona en vez de asumir lo peor, entonces el matrimonio los fortalecerá. Puede sacar lo mejor de ti, dándote un aliado que caminará a tu lado en las buenas y en las malas, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad.

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Como mujeres, madres e hispanas vemos a nuestras hijas tener grandes ilusiones para el futuro. Y las dejamos soñar, aunque tengamos que salir al mundo real a defendernos por ser esas tres cosas. ¡No es justo! ¿Qué valores debemos inculcarles a nuestras hijas para que el día de mañana puedan desempeñarse en sus tres roles sin culpas y con orgullo?

En mi opinión lo más importante que podemos hacer por nuestras hijas es inculcarles la importancia de tener confianza en sí mismas. Cuando tienes personas a tu alrededor que te quieren y te apoyan, quienes te demuestran que creen en ti, entonces se hace mucho más fácil confiar en ti misma. Si les damos eso, si ellas están seguras de quienes son, esa confianza les servirá como una armadura para lo que tengan que afrontar en el futuro. 

Y las niñas no solo necesitan de sus madres, tías o hermanas para inculcar esos valores, sino que también necesitan que los hombres en sus vidas hagan lo mismo: los padres, abuelos y hermanos desempeñan un papel fundamental en el desarrollo y crecimiento de su autoestima. A menudo cuento la historia de cuando yo era pequeña y mi padre le compró a mi hermano Craig guantes para boxear, pero no solo compró un par de guantes para él, sino que también compró unos para mí. Con ellos, me enseñó a lanzar golpes. Mientras crecíamos, mi padre se aseguró de que yo hiciera todo lo que Craig hacía: correr las bases en el patio, jugar baloncesto en el parque y boxear en la cocina.

Ese tipo de lecciones me enseñaron que podía hacer cualquier cosa, igual que mi hermano. Esas lecciones me enseñaron a creer en mí misma, y fue algo que siempre llevé conmigo durante mis estudios y mi carrera. Y estas son precisamente las lecciones que Barack y yo siempre hemos tratado de inculcar en nuestras hijas. 

Una de las cosas más admirables es el lugar que le da a su madre y en su libro vemos cómo va cambiando su relación con ella: de niña, de joven, de adulta. ¿Qué consejos nos puede dar para que a través de las diferentes etapas de la vida podamos disfrutar de esa relación con mamá como la que ustedes dos han tenido?

Un aspecto de mi madre que siempre he admirado es su constancia. Mientras nuestra relación evolucionaba a medida que yo crecía, maduraba y labraba mi propio camino, su trato conmigo siempre fue el mismo. Como madre, siempre me habló como le hablaría a un adulto, incluso cuando era niña o adolescente. Siempre me permitió hacerle cualquier tipo de pregunta que yo quisiera, sobre la moral, sobre cómo eran los niños, sobre las razas o cualquier otro tema. Y cuando tenía decisiones difíciles que tomar, me daba el espacio necesario para razonar por mí misma. Su manera de guiarme ha sido la misma a lo largo de mi vida. Mi mamá nunca fue autoritaria, ella siempre confió en mí para labrar mi propio camino, y siempre he sabido que ella está cerca por si la necesito.

Sé que las relaciones con nuestras madres son todas diferentes y suelen ser complejas. Así que en cuanto a consejos, no me atrevo a ofrecer uno definitivo. Solo sé que nadie puede amarnos como nuestra madre. Y creo que siempre es bueno recordar eso.

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