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Cuando el acusado es un ser querido

Cómo conciliar el amor hacia alguien tras la revelación de que ha sido denunciado por acoso sexual
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Hoda Kotb y Savannah Guthriese se abrazan luego de informarle al público que su colega Matt Lauer había sido despedido del programa “Today” de la cadena NBC, por acusaciones de acoso sexual. (Foto: Craig Ruttle/AP)
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Desde que comenzaron los escándalos sexuales en Estados Unidos, con la acusación al productor estrella de Hollywood, Harvey Weinstein, casi todos los días caen de su pedestal poderosas figuras de diversas industrias.

Un efecto dominó que, como dice un reportaje publicado recientemente en el diario español El País, no deja “títere con cabeza”. Desde el ambiente hollywoodense, hasta el gremio editorial y periodístico, la esfera política y ahora la alta cocina, con Mario Batali, el célebre chef estadounidense que el lunes pasado fue denunciado por abusos sexuales. El cocinero, de 57 años, quien aceptó los hechos, anunció su retirada temporal de los 26 restaurantes que posee y el canal ABC decidió paralizar el programa de televisión que dirige. Mientras que el pasado viernes cinco mujeres acusaron de diferentes casos de abusos y agresiones sexuales al actor Dustin Hoffman, que en las últimas semanas ya había sido denunciado públicamente por otras tres mujeres por supuestos episodios similares, aunque el legendario actor de 80 años, lo ha negado.

Pero ha sido una discusión en la que todavía no se ha mencionado un aspecto que también nos puede afectar a todos en algún momento, aunque desde otro ángulo. ¿Cómo se afronta esa situación cuando el acusado es un ser querido?

Hace dos semanas, por ejemplo, la periodista del programa matutino Today de NBC, Savannah Guthrie, se hizo una pregunta similar cuando tuvo que informar sobre el despido de su compañero de labores, Matt Lauer, quien también fue acusado de comportamiento sexual inapropiado. Con voz entrecortada, Guthrie se preguntó “¿Cómo conciliar el amor hacia alguien con la revelación de que se ha comportado mal?”.

“El afecto de la amistad no puede estar reñido con la ética. Los mejores amigos son los que nos retan y nos emplazan cuando nos alejamos del encuadre ético elegido para la vida”, señala Alfredo Carrasquillo-Ramírez, coach de liderazgo ejecutivo, psicoanalista y consultor en desarrollo organizacional.

Según destaca el experto, no debe haber dificultad ni confusión para manejar un escenario en el que un amigo es acusado de hostigamiento porque “la amistad ni puede ser ciega ni debe consentir lo que entendamos es impropio para el lazo social”.

El amigo debe estar ahí para escucharnos, pero con una justa mezcla de ternura y firmeza, para emplazarnos a asumir con valentía y autorreflexión crítica, las consecuencias de nuestras acciones”, agrega Carrasquillo-Ramírez.

Cuestión de poder

Para la psicóloga clínica Thalía Cuadrado, el acoso sexual se puede explicar desde la perspectiva de una sociedad machista, aun cuando la acosadora sea mujer, porque se basa en “yo tengo el poder de abusarte y lo hago”.

“Está basado en poder, control, manipulación, debilidad de carácter, usualmente baja autoestima y una pobre mirada de uno mismo, es decir poca o ninguna introspección”, sostiene la psicóloga, mientras señala que cuando se conoce al acosado o al acosador, se levanta un problema ético que se tiene que resolver antes de abordar la situación. De la solución a eso, dice, se desprende cómo vamos a actuar.

“Lo primero es diferenciar entre el concepto moral y el ético. Lo moral es inamovible y se aplica sin tomar en cuenta circunstancias, es decir no existen atenuantes. En lo ético tomamos en cuenta las circunstancias particulares al caso y las examinamos para poder tomar decisiones. Esto es en lo personal. En lo profesional o lo empresarial, tendríamos que dejarnos llevar por las reglas establecidas y hacerlas valer tal cual se han establecido”, expone la psicóloga, quien cree que para reconciliar el aprecio que se le tiene a una persona con la revelación de su comportamiento, se debe tomar cuenta la etapa de la vida en la que nos suceden los eventos.

Por ejemplo, dice que no es lo mismo en una etapa adolescente donde todo es blanco o negro, que en una más tarde en la vida donde “ya conocemos que las personas cometemos múltiples errores y somos capaces de actuar de manera exquisita y de maneras deplorables”.

Aquí hay que examinar qué tipo de relación teníamos con la persona antes de saberlo (sobre las acusaciones) para decidir la que vamos a tener en el futuro. Entender que explicar y justificar son procesos distintos puede ayudar mucho. Juzgar a otra persona sin importar lo que haga es un acto que nos coloca en posición superior, asumiendo que nosotros nunca seremos capaces de hacer nada que pueda ser juzgado”, agrega Cuadrado. Pero dice que eso podríamos hacerlo con alguien lejano que no conocemos, aunque si es un amigo la reflexión es más profunda. “Es como aquello que nos enseñaron a no aplaudir el pecado, pero ayudar al pecador”, sostiene la especialista.

En cambio, si es un amigo muy cercano todo va a depender de cuánto valoremos la amistad. “Si podemos cerrar la puerta sin una conversación, entonces la amistad era débil. Si es amigo, la conversación tiene que ser otra. El mejor ejemplo es si fuese un hijo o hija, qué haríamos”, analiza Cuadrado, quien cree que sea como sea, el amor tiene que prevalecer aun cuando sus actos sean condenables, deplorables, o criminales.

“Recuerdo una noticia de una señora que descubrió que su hijo cometió un acto criminal y lo acompañó al cuartel de la policía. Ella lo explicaba como lo único que podía hacer, amaba tanto a su hijo que lo llevó a que enfrentara las consecuencias de sus actos. Nuestro amigo tiene que enfrentar las consecuencias de sus actos”, agrega la psicóloga, “pero cuenta con nuestro amor en ese camino porque la compasión es un ingrediente de la amistad”.

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