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Alas flexibles para los cambios abruptos

Pedí alguna señal de que no estaba sola y de que mi práctica iba por el camino correcto. Ese día, tomando mis alimentos en un comedor ubicado en una terraza, se acercó por el lado un colibrí
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Miré por la ventana y pregunté: “¿Esto es? ¿De esto se trata la vida?”.

El mes de diciembre estaba punto de terminar. Me di cuenta de que llevaba muchos años trabajando un proceso de recuperación casi perfecto a diario, en remisión del desorden de alimentación que había tenido, y laborando por mi cuenta desde mi casa en Puerto Rico, tras varios años de viajes espirituales y búsqueda interior hasta encontrar balance y serenidad.

No obstante, tal parecía que -al esforzarme para no perder un equilibrio casi perfecto- mi vida se había reducido al cuadro que miraba por la ventana de mi escritorio...

“Tiene que haber algo más allá afuera... ¿Es esta la vida que tú quieres para mí?”, le pregunté a mi Poder Superior. Comenzaba a sentirme contraída y recluida.

Pocas semanas después, hice un retiro de siete días en silencio y, al cuarto día, tal como acordado, mi compañera de meditación se retiró. Me quedaban tres días meditando por mi cuenta en un centro budista en la montaña. Un silencio profundo se cernía sobre mí, pero también tenía temor, pues nunca había hecho una práctica profunda en solitario. Pedí alguna señal de que no estaba sola y de que mi práctica iba por el camino correcto. Ese día, tomando mis alimentos en un comedor ubicado en una terraza, se acercó por el lado un colibrí. Se quedó zumbando en el mismo lugar, mirándome por un largo rato. Luego se movió hacia el lado oeste del comedor, aún observándome atentamente. Después de ese encuentro, mi concentración para meditar fue más efectiva y sólida, porque ya no me sentía sola.

Busqué el significado del avistamiento cercano de un colibrí como una señal espiritual. Simboliza la alegría y también la capacidad de adaptación; la liviandad del ser, el disfrute de la vida, el estar más presente, la independencia, la resiliencia, el poder viajar grandes distancias sin cansarse.

“El llamado del colibrí como emblema protector te guiará para abrirte al amor y a la liviandad en tu vida emocional. Cuando veas tu emblema, se te alienta a que abras tu corazón y te expongas más a la alegría y al amor”, leí en el portal spiritanimal.info.

También aprendí que, cuando aparece un colibrí, “tal vez sea una invitación para flexibilizar tu camino... para poder acomodarte a las circunstancias de la vida. Tal vez te sea requerido adaptarte a una situación que es un poco más exigente de lo usual”.

Días después, participé de una sencilla actividad de fin de año con un grupo de [email protected] [email protected] Extendí mi mano para sacar de un recipiente una tarjetita que me daría señales del año nuevo. La tarjeta que saqué tenía otra pegada consigo. Leí en mis manos: “fe” y “transformación”.

Interpreté el mensaje de que confiara en el proceso, y preparé mi corazón.

El 31 de diciembre de ese año, mi relación con mi mentora de recuperación acabó. De pronto, el programa que me había acompañado sin fallar durante siete años comenzaba a resquebrajarse. Me sentía confundida y asustada. Recurrí a todo el sistema de apoyo que me restaba: terapista, mentoras y figuras que habían estado mucho tiempo en el camino de los Doce Pasos. ¿Cómo era posible abandonar el programa estructurado que me había sostenido y que no me dejó recaer, incluso cuando pasó el huracán María?... ¡No podía ser!

Todas las mentoras me dijeron, sin excepción, que tal vez la estructura más rígida fue necesaria al principio, pero ahora estaba lista para escoger mis alimentos de manera intuitiva, confiando en mi propio juicio en vez de un estricto plan de comidas.

La estructura tan sólida de mi programa de recuperación había creado el equivalente a una verja con andamios que bordeaban un edificio en construcción. Tal parecía que el edificio se estaba terminando de construir, y se me estaban cayendo las vallas de protección.

Tras dos meses de transición a paso lento, pude mudarme a un programa de recuperación más flexible que me ha enseñado que recuperarse no implica tener una vida cuadriculada, aunque sí es necesario tener una estructura: una columna vertebral emocional. Una columna saludable es flexible, no rígida.

Cuando llegué a mi casa tras el retiro, encontré una bolsa que había recibido “por casualidad” del Monasterio del Sagrado Corazón en Wisconsin. Cuando la miré con detenimiento, en el diseño se destacaba un colibrí en vuelo. Se me sobresaltó el corazón y sonreí. Podía confiar en que mi Poder Superior me guiaría amorosamente. Pasaron muchas cosas ese año que requirieron flexibilidad, volver a estos principios y comprender que todas eran experiencias de crecimiento y amor.

De Charles Fillmore, cofundador de Unity, aprendí que los Tres Reyes Magos son una representación de la sabiduría del alma. Sus tres regalos de oro, incienso y mirra representan, respectivamente, la riqueza, la belleza y la eternidad del espíritu. Siguieron la estrella de Belén, que significa la intuición.

Hoy les pido a los Reyes que nos sigan guiando a [email protected] por el desierto que pueden representar algunas circunstancias en nuestras vidas hasta el corazón sagrado que contiene nuestro regalo más preciado: nuestra naturaleza verdadera y divina.

90 días: Una jornada para sanar

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