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Vivir originalmente

“Sí necesito un número de seguro social, un código postal y ser responsable en el mundo, pero esta es una pequeña parte de lo que soy”.
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La otra persona que tú quieres ser 
es como una peca en el firmamento,
un grano de arena en una playa.
Lo que buscas, no está en el otro.
Cuando miramos al Universo, somos 
como una hormiga 
tratando de descifrar a un ser humano
parándose sobre su piel
y adentrándose en el bosque de sus vellos.
La otra persona no puede darte
eso que buscas,
quien tú eres y lo que serás.
Esa es una danza —una conversación
íntima—
entre el Universo y tu corazón.
Sé tú. Todos los demás ya están cogidos.
Encuentra tu propio camino
para entender al elefante.

Recuerdo la experiencia de estar atrapada en una identidad profesional. Ya no podía producir noticias detrás de un teclado, como una máquina. Necesitaba quitarme esa piel. El proceso fue doloroso, y le siguió un vacío abrumador. Si ya no era periodista, ¿quién era? Intenté, desesperada, ponerme otra identidad.

Crecí en una sociedad automatizada. Me prepararon para producir como una máquina inagotable para “ser alguien”. Sufría. Desconocía que el proceso natural es encontrar primero el origen —o darse cuenta de que una es el origen— para vivir desde ahí. Así lo expone el maestro de vipassana (mindfulness) Robert Brumet en su libro “Living Originally”: 'En el sentido real de la palabra... ser original no significa tratar de ser diferente. Significa estar [email protected] al origen. No puedes ser original tratando de ser original. Te conviertes en lo original cuando permaneces fiel a lo que ve tu corazón... Vivir originalmente es vivir... desde la fuente misma de todo lo que es... La mayoría de [email protected] vive inconscientemente porque nos hemos identificado con un ser falso... el producto de nuestro condicionamiento; es un sentido fabricado del ser. No es original'. Estudiando con Brumet, la identidad que yo había fabricado se compostó. Encontré una experiencia vasta de mí misma, algo que no es un concepto. Sí necesito un número de seguro social, un código postal y ser responsable en el mundo, pero esta es una pequeña parte de lo que soy.

Es imperante trascender el concepto del humano-máquina, del humano-carro que se siente herido si le chocan el vehículo porque es una extensión de su identidad. Bill Ford, actual presidente ejecutivo de Ford Motor Company —compañía pionera de la revolución industrial del siglo XX— dice que es insostenible seguir produciendo vehículos individuales. La empresa aspira a no depender de combustibles fósiles y a ayudar a la gente a usar transportes diversos para llegar a su destino. Durante una entrevista con su maestro de mindfulness, Jack Kornfield, Ford reveló: 
“Trabajé para jefes que yo creía que eran solo números, porque era de lo único que hablaban y lo único que les importaba... Tuvimos un CEO quien pensaba que, si ibas al baño, era una señal de debilidad. Si eras uno de los ejecutivos, tenías que quedarte [email protected] durante reuniones de ocho horas. Pensé: ¡Esta es una verdadera locura! Tuvimos otro que me dijo... '¿Quieres ser CEO? Déjame enseñarte mi agenda... Si quieres almorzar conmigo, tendrá que ser de aquí a tres años”. Ford buscó la guía de Kornfield para mantenerse conectado con su humanidad. Explica que los números son importantes para medir el éxito de un negocio, pero al final, los negocios existen para las personas. Ford abundó: “Una de las cosas más tristes que he visto es a un expresidente ejecutivo, porque ya nadie está corriendo detrás de ellos diciéndoles lo grandiosos que son... la adulación terminó y no tienen otro sentido de identidad”.

La práctica de meditar lo mantuvo de pie durante la crisis del 2008: “Acostado en la cama, pensaba: ¿Cómo se sentiría perderlo absolutamente todo, incluyendo una gran parte de mi identidad? Pero me di cuenta, a través de la práctica, de que esa no era realmente mi identidad, eran un montón de adornos... de que mi esencia estaría bien... de que perderlo todo realmente no era perderlo todo”.
Brumet me animaba a seguir navegando hacia el origen en el silencio, y a seguir preguntando qué quería nacer. Un día, me brotó este poema, “El origen": 

Y Dios removió los puntos de apoyo.
Y Dios se llevó todos los espejos.
Y no quedó nada más
que Dios.
Y en esa caída en Dios se encontraba
la vastedad de un Todo silente,
una quietud suspendida en éxtasis,
la pulsante Idea del Universo
en el vientre centelleante de un grano de sal,
el Silencio que aullaba,
pariendo su Fuerza rugiente 
a través del Absoluto...
...Y entonces...
hubo una testigo —una poeta—
que le dio sentido a Todo.
Y tejió el pensamiento de la primera estrofa,
y tarareó la primera palabra de una canción,
una vibración que giró sobre sí misma,
y volteó
y se tornó
en un corazón.

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