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Soñando con mi traje de prom

Me he estado preparando para este momento toda mi vida, al punto de que creo que escogí el color al nacer
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Llegó ese momento del año donde reinan el calorcito, la música y, en algunos casos, las dietas se vuelven más absurdas, mientras más se acerca esa fecha tan importante. No me refiero al verano, que también está por llegar. Estoy hablando de ese momento con el cual la gran mayoría de los adolescentes han soñando durante sus años de escuela superior. Prom, ¡cómo te he soñado! 

Por una noche, todas se unen en el ritual de música alta, luces y trajes largos. En ese momento todas dejan diferencias a un lado y bailan hasta más no poder. De igual manera, se asomarán la nostalgia, el “guille de grande” y los tacones que te dejan ampollas en el dedito chiquito del pie.

Estoy clara de que la noche es de ellos también y no faltarán los chicos que quieran tener una etiqueta blanca y negra… pero distinta a todas las demás. Pero, para nosotras es otra cosa: el traje del prom se ha vuelto más importante que la celebración. Hay tantos detalles que tomar en cuenta durante el proceso de elección como: que nadie más tenga tu color de vestido, que no sea demasiado largo y te impida bailar, que lo puedas usar para el “after party” y sobre todo, que cuando dejes de sentir los pies, te puedas poner unas “flats” y todavía se vea espectacular. La candidatura está muy variada y son muchos los contendientes. Atrás quedó el sueño del traje de boda, hoy se sueña con ese vestido en el que darás a tu clase tu última impresión.   

Llevo unos 6 meses trabajando mi traje de prom, pero años enamorándome de la idea de él. Me he estado preparando para este momento toda mi vida, al punto de que creo que escogí el color al nacer. Entre medidas, “fittings” y “sketches” seleccioné uno, como en los buenos tiempos de las preguntas de selección múltiple, que combine todas las anteriores: un vestido que acentúe todas mis partes preferidas, que celebre mis curvas y, más importante, que me haga sentir poderosa. En fin, ¡un traje que me abrace con su diseño camaleónico tipo “Transformer” y me acompañe hasta las cinco de la mañana! Que persiga mis pasos con asomos de mis piernas bronceadas y deje destellos de verde esmeralda cuando camine. Y es que así quisiera que me recuerden, con las cualidades que se asocian con la piedra que dará el color a la tela de mi vestido: leal, de un amor incondicional que promueve la amistad. Que mantiene las alianzas en balance y que tiene un efecto sanador en las emociones y el corazón.

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