Loader

La lectora de nuestra isla

La vocación por la lectura de Carmen Dolores Hernández, atada a su disciplina y compromiso con nuestras letras son motivo de inspiración
Photo
  • Compartir esta nota:

Recuerdo la llegada puntual de aquellos correos electrónicos. Las columnas críticas, entrevistas y comentarios de Carmen Dolores Hernández jamás llegan tarde a la hora de cierre. Si toma unos días libres, envía todo el trabajo de un mes. Conoce bien los tiempos de la prensa caliente, conoce bien que lo urgente no debe ir por encima de lo importante. A su cita con la tinta, nunca llega tarde.

Mientras laboré como parte de la plantilla regular de periodistas de este diario, tuve el privilegio de recibir algunas de esas columnas, leerlas, enviarlas a la edición final y al diseño gráfico, amasar el pan de la palabra que, cuando es de otros, se amasa con más cariño.

Desde muy temprano su entrega con el oficio, su disciplina, pero sobre todo su amor por la lectura y por la literatura de nuestra isla, se convirtió en fuente de inspiración para todas las mujeres que, a través de la prensa diaria, intentábamos abrirnos paso en el mundo de la escritura. Al día de hoy, no hay tema o consulta que Carmen Dolores Hernández no esté dispuesta a atender. No hay ocasión en que le llame, o le escriba y reciba de ella algo distinto a una respuesta entusiasta, una buena referencia de lectura, la promesa siempre cumplida de indagar más, alguna frase o análisis que me ayude a entender mejor. Su generosidad con su conocimiento es total y su compromiso con las que vamos siguiendo la ruta que su generación ha trazado, es profundo y consistente. Siempre es justo e importante abrir nuevos caminos, pero qué valioso es hacerlo sabiendo que se cuenta con el apoyo de aquellos que han abierto ya los suyos.

Cuando publiqué mis primeros libros, los reseñó y siempre le agradeceré sus comentarios más críticos y específicos que me hicieron crecer, aprender, cuestionarme y evolucionar. También los elogios, que me hicieron creer en la posibilidad de continuar por este derrotero y abandonar el síndrome del impostor que tanto se instala en cualquier ejercicio creativo. Habrá quien difiera de su criterio, de su trasfondo crítico o de su mirada como lectora, pero nadie puede decir que su entrega a la literatura puertorriqueña —y mundial— no ha sido absoluta. Su lectura, acompañada siempre de la difusión de obra nueva, nos ha permitido a todos ver a través de sus ojos el reflejo de ese espejo infinito que es la literatura. Y en el proceso ha creado su propio filtro, su propia voz. Esta vocación, que además nos ha nutrido como país de una obra crítica, periodística y narrativa muy rica, es un regalo que atesoro y que hoy quiero celebrar.

Pues ocurre que recientemente asistí al reconocimiento que la Fundación Puertorriqueña de las Humanidades le otorgó a Carmen Dolores Hernández como Humanista del Año 2019. Su semblanza la leyó Luce López Baralt, otra gran puertorriqueña que siempre ha sido igualmente generosa con sus saberes. Esa noche, ante un auditorio lleno, celebramos las décadas de labor y nos quedamos ansiosos ante la promesa de una nueva investigación sobre nuestras letras.

En tiempos en los que tantas instituciones están en crisis, en tiempos en los que la merma poblacional, la inestable economía y la golpeada autoestima del país, nos hace a veces perder las ganas; escucharles hablar esa noche fue recordar que a pesar de la condición colonial, que a pesar los azotes de los huracanes y de la historia, tenemos un país porque lo hemos sabido contar.

A Carmen Dolores Hernández le agradezco con el corazón, con el espíritu y con la mente, que lo haya querido leer y de vez en cuando, también contar. Gracias por tanto amor.

  • Compartir esta nota:
Posts relacionadas
Comentarios
    Dejar comentario
    Volver arriba