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Al rescate de tus sueños

La espera era amortiguada por la esperanza, y se alimentaba de frases como “te prometo que la próxima vez…”, pero esa próxima vez nunca llegó
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Cuántas cosas dejaste de hacer, a cuántos proyectos renunciaste, cuántas ideas quedaron tronchadas porque no era tiempo para tus sueños. Seguramente has perdido la cuenta. Así, fueron transcurriendo los años y tu momento no llegaba. Algo solía presentarse y te robaba el espacio que por derecho te tocaba. Las aspiraciones y oportunidades del otro eran siempre más importantes.

Fueron tantas las ocasiones en que tu intención se desvaneció que terminaste por pensar que era normal o quizás llegó el punto en que ni siquiera te importó, lo que resulta más triste. Tus aspiraciones quedaron rezagadas o aniquiladas ante tu actitud de resignación o tu falta de acción. Una vida sin ilusiones va de la mano con la frustración, con la falta de entusiasmo y eso se asemeja mucho a una existencia a medias, a una respiración entrecortada. 

Fuiste fuerza para que creciera, fuiste apoyo para que juntos aguantaran cualquier amenaza que afectara al otro. Era lógico que sus logros se convirtieron en los tuyos porque en gran medida tú eras parte de ellos. Lo tuyo quedaba detenido, alterado o anulado porque las prioridades estaban en otro lugar. Al menos eso terminaste por creer.

La espera era amortiguada por la esperanza, y se alimentaba de frases como “te prometo que la próxima vez…”, pero esa próxima vez nunca llegó. 

De momento un día esa persona que tenías a tu lado se convirtió en otro ser. No te habla, no cuenta contigo, no se encuentran, no existes. Tratas de adivinar lo que pasa por su mente, pero no logras descifrarlo. Los silencios cada vez son más prolongados. Un mohín o una mueca es la respuesta a tus reclamos de luz. Las palabras nunca llegaron con los gestos. No fue necesario, era evidente. Su no decir fue elocuente, ya no te necesita, ya no eres una opción. 

Lo he visto mucho, demasiado. Nada evitó la caída y el golpe con un “ya no te quiero” fue contundente. Tantos años de ceder han transcurrido que se te ha olvidado cómo vivir para ti. Tus pasos los definía el camino del otro. “Siempre pensé que una vez alcanzado lo que anhelaba me tocaba a mí… tanta ilusión que me hacía llegar a…, alcanzar esto o aquello”, le escuché decir. 

En una relación saludable lo justo sería que tus deseos no se hubieran tenido que aparcar tantas veces. Que no siempre hubieras tenido que ser tú la del alto. Te merecías que alguna vez te tocara a ti la ocasión de ser prioridad, pero nunca lo fuiste. Todo era más importante que tú. Claramente vez que tus sueños no tenían espacio en esa vida. Eras una pieza que actuaba en función de. Ni la mezquindad con que evolucionaba esa relación tan dispareja te hizo gritar: ¡Basta ya!

Las preguntas en este momento no llegan a su fin. En retrospectiva, probablemente en más de una ocasión sentiste la necesidad de decir que no, pero nunca encontraste la fuerza para detener el atropello constante a tus ilusiones. Te acostumbraste a que eso era lo normal y claramente no lo es. 

Ante el desamor tienes el poder de tomar un nuevo rumbo. Esa persona que se había trazado tantas metas está ahí, habita en ti, rescátala. Recoge e hilvana todos los propósitos que fuiste empujando, esquinando, y retómalos. No dejes que te lo vuelvan a robar. Te lo debes. Hoy, llegó tu momento de ser prioridad.

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