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¡BASTA YA!

“Aspiro y quisiera que esta gesta colectiva que comenzó con 889 páginas contagie y se transfiera a lo individual para que ese ¡BASTA YA! que hoy reverbera en cada rincón del país y en el alma de cada puertorriqueño llegue para transformar lo que nos afecta a nivel personal”
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Somos capaces de tolerar situaciones injustas y difíciles durante días, meses y hasta años. Pero con el revoloteo de las páginas del calendario se van enquistando, van dejando huellas profundas y dolorosas en nuestro ser.

Heredamos esas inmensas brechas que nos hacen sentir impotentes cuando nos llega el momento de atenderlas y las dejamos de lado para que alguien más las recoja, las resuelva. Hasta que llega ese día en que una palabra, un gesto, un silencio lo detiene todo y lo que nos corroe nos hace despertar del letargo, de ese vivir como autómatas.

Ese ha sido el detonante que ha movido a Puerto Rico por los pasados días. Un pueblo roto, indignado y agotado de agravios se ha lanzado a la calle para gritar a viva voz ¡BASTA YA! Abrazados a su mejor herramienta de expresión responden a la injuria a cacerolazos, en verso, en canciones, a caballo, en motora, con saludos al sol, bajo el agua o bailando. El viento le ha llevado a la diáspora el eco de los estribillos y, a su vez, responden a coro y con pancartas porque también se sienten violados sin importar la distancia ni la diferencia de hora.

Ochocientas ochenta y nueve páginas de conversación entre unos engreídos manipuladores y manipulables fue el detonante. Ellos pensándose invencibles insultaron, abusaron y conspiraron contra ti, contra mí, contra nosotros. Porque todos estamos en esas páginas. Porque es una afrenta a todos los que responsablemente trabajamos y cumplimos con nuestro deber ciudadano.

No obstante, pienso que aunque esta fue la mecha que encandiló el debate, muchos de los que hoy protestan tienen atoradas en sus gargantas décadas de amargura y hiel. Furia alojada de tiempos tan distantes que seguramente muchos de los que hoy enarbolan banderas no habían visto la luz. Ese pillaje, esa trampa que desde sus butacones ellos consideran inofensiva y que retrata la verdadera fibra de la que están hechos. Fraude con el que nos han golpeado sin piedad para entregarnos una isla desmantelada.

El movimiento es tan avasallador que llegarán los cambios. Con la renuncia del gobernador vendrán tiempos de grandes desafíos, pero ya sabemos lo que somos capaces de hacer.

Aspiro y quisiera que esta gesta colectiva que comenzó con 889 páginas contagie y se transfiera a lo individual para que ese ¡BASTA YA! que hoy reverbera en cada rincón del país y en el alma de cada puertorriqueño llegue para transformar lo que nos afecta a nivel personal.

Que la semilla del ¡BASTA YA! se plante en el patio del colegio para que ese niño con sobrepeso o esa niña con espejuelos tenga fuerza y no permita que lo vuelvan a burlar; que entre por la ventana de la casa de esa mujer que todos los días es recibida con puños, insultos y patadas, para que finalmente encuentre el lugar para descansar lejos de quien la atropella; que toque a la puerta de esa oficina médica para que un paciente pueda luchar por sobrevivir sin pensar o preocuparse de que tiene que empeñar sus entrañas para hacerlo; que le plante cara al que abusa de niños, ancianos o animales; que le infunda valentía a ese que se tiene que esconder o callar verdades; que le dé alas para volar a ese que siente que su vida se ha quedado en sueños; que rompa con la obligación de hacer lo que ya no sientes; que impida el llanto por lo que no merece la pena.

Porque esos momentos particulares en los que nos detenemos son los que nos fortalecen como personas. Un individuo fuerte y libre está en paz para luchar por lo suyo, por lo nuestro. Que ese ¡BASTA YA! nos llegue al tuétano para que nunca más permitamos que nos atropellen ni en solitario, ni en colectivo.

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