Loader

En la soledad

Ese uno con uno donde no hay ruido, no hay distracción, solo horas de observarte en tu forma más pura sin que nada contamine ni influencie tus acciones
Photo
  • Compartir esta nota:

Hace poco más de cuatro años, después de ponderar muchas variantes, me lancé a trabajar por mi cuenta. Fueron muchos los ajustes que llegaron al dar este paso, unos más complejos de asimilar que otros. Horas de trabajo y empeño, poco a poco, me han ayudado a abrirme camino. No ha sido fácil. He logrado manejar la impotencia, la frustración, el engaño y hasta la decepción que muchas veces me ha golpeado. En cambio, en retrospectiva, puedo decir que lo más espinoso es la cantidad de horas, días que transcurren en soledad.

No presté mucha atención cuando fui advertida. Minimizaba la alerta al pensar y repetirme que ésta no me resultaba ajena. Siempre he sido muy independiente. No soy de fiestas ni de bullicios. Viajé sola desde adolescente y por mi interés en la pintura, desde muy joven, había aprendido a convivir con ella y procuraba esos espacios de sigilo para darle paso a la creatividad. En cambio, esta que me acompaña ahora es diferente.

En estos cuatro años la he analizado, le he gritado, he peleado con ella y hasta en ocasiones hemos llegado a una tregua. A menudo pienso que desconocía cuántas María Cristina había en mí. Cuando tuve que plantarle cara a la melancolía sentí que no me conocía del todo. Quizás, eso es lo que más asusta. Ese uno con uno donde no hay ruido, no hay distracción, solo horas de observarte en tu forma más pura sin que nada contamine ni influencie tus acciones. Con esos intervalos llegan el dolor, las obsesiones, las inseguridades, las idealizaciones, las alegrías y una comprensión, un observar, escuchar más profundamente la vida y lo que se es.

Al aceptarla logro identificarla en otros. Los veo y escucho pelear con su yo, tratan de romper esos silencios y buscan acomodarse en las curvas de esa S, así en mayúscula, que parece no tener fin.

La sociedad nos empuja a mantenernos ocupados con estructuras que nos alejan de nosotros mismos, hasta el extremo de incapacitarnos para entender y manejar la soledad. Una vida sin una propiedad, una carrera, una pareja, un hijo resulta impensable para muchos. Nada de ello garantiza la compañía. De no conseguir triunfar en estos esquemas, algunos eligen enmascarar sus sentimientos y ser parte de relaciones falsas o vacías para evitar enfrentarse a ella, la S.

Puro engaño, la más grande de las soledades es la que se vive en compañía. No hay manera de escabullirse y temerle puede empujarte a tomar decisiones equivocadas. Es invasiva y en algunas ocasiones te sorprende incluso en medio de la multitud. Un sentimiento de no pertenecer se te pega al alma, notas que te encuentras en un plano diferente y observas la acción a distancia a través de un cristal, te sientes ajena al entorno.

La soledad es al espíritu lo que las huellas dactilares al cuerpo. Nacemos y morimos con ella. Siempre está ahí. Aunque ya son más las veces que la siento como una aliada a la hora de poner en orden mis pensamientos y sentimientos, mentiría si dijera que he logrado hacer las paces cabalmente con esos vacíos. Comprenderla y manejarla, irónicamente y por más contradictorio que suene puede transformarla en compañía porque ella te permite contactar con lo más íntimo y genuino de tu ser.

  • Compartir esta nota:
Posts relacionadas
Comentarios
    Dejar comentario
    Volver arriba