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Los todoterreno

Hay casos en los que el resultado de proclamarse versado en un tema es más o menos inofensivo, pero hay otros en las que es delicado y hasta peligroso
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La mujer que todo lo sabía y todo lo había vivido. Así la bautizamos los que, a la menor provocación, teníamos que escuchar de su boca: “Déjame decirte que eso yo lo he vivido; Eso yo lo hago en 15 minutos”. A sus veintipico se proclamaba experimentada en todas las materias que estaban en discusión en el momento sin importar cuán diversos podían ser.

Con el tiempo nuestros caminos se separaron, pero su recuerdo viene a mi mente a menudo. Cuando nos conocimos no existían las redes sociales ni la penetración del internet era tan aguda como hoy. Pienso que con esas herramientas ahora debe ser un “portento” de conocimiento. Bueno, eso es si la soberbia no terminó con ella.

Si bien la tecnología ha sido una bendición para una gran cantidad de cosas, también ha resultado una maldición para otras. Muchos se han convertido en expertos en infinidad de temas, al menos eso creen ellos. Llegan a expresarse con un convencimiento y una autoridad tal que sus disparates son capaces de confundir al que peca de ingenuo y no es tan suspicaz.

En el campo de las comunicaciones he tenido que escuchar a personas decir que un comunicado lo escribe cualquiera o que una estrategia de difusión es “peanuts”. También he oído que con tal herramienta pueden hacer una página web en una semana, entre muchas otras insolencias. No dudo que lo puedan hacer, lo que hay que evaluar es si reconocen lo que es un trabajo de calidad o el conformismo ante la mediocridad es lo que impera.

Los teléfonos inteligentes han transformado a una inmensa mayoría en fotógrafos o videógrafos “profesionales”. Pensaría que no saben lo que es ASA, ni como se crea efectos con iluminación y menos aún como enfocar o revelar manualmente, pero toman unas fotos tremendas. ¿Tremendas de buenas o malas? No dudo que alguna salga bien, pero de ahí a pensar que su trabajo puede sustituir al de un conocedor hay un buen tramo.

Cada vez que hay una discusión pública de envergadura los sabios en derecho, criminología y constitucionalidad desbordan las redes sociales. Y si hay aviso de tormenta o huracán los meteorólogos están a montón por chavo. Son muchas las ramas que han sido invadidas por estos todoterreno, como los he apodado. La composición musical, la farmacología, el arte, la enología, la gastronomía, la arquitectura, los vinos, la astronomía, en fin, cualquier profesión que tenga una “app” que te asegura convertirte en un titán en la materia, con solo tres clics, se ve amenazada por estos genios.

Quisiera saber qué siente un médico cuando en medio de la consulta alguien saca un papelito para contradecirlo porque según lo que leyó en internet lo que tienen es esto y no aquello que él acaba de diagnosticar.

Hay casos en los que el resultado de proclamarse versado en un tema es más o menos inofensivo, pero hay otros en las que es delicado y hasta peligroso. Difundir información falsa y alarmista, automedicarse, violar los derechos de autor, son solo algunos de los que me saltan a la mente.

Caramba un poco de respeto por los que han estudiado o dedicado años a un oficio. Hay que entender que tener talento y curiosidad por un tema no te hace un perito en la materia y menos aún sustituye la experiencia. Ciertamente hay muchas herramientas que acercan a los usuarios a trabajos que hacen profesionales, pero el trabajo de ningún especialista debe ningunearse ante un programa o una aplicación.

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