Loader

Perderse un poco

Ciertamente la vida es lo que más vale, pero hay cosas que son irremplazables y que es imposible desligarlas de lo que uno es
Photo
  • Compartir esta nota:

Algo mágico se produce cada vez que se abre la puerta para entrar a nuestra casa. Cuando cruzo el umbral de la mía me detengo unos segundos a respirarla, a sentirla. En el aire se ha quedado un hilo del perfume que decidí llevar esa mañana. Incluso puede que todavía escuche la música que se quedó navegando por ahí. Mis ojos rebotan aquí y allá. Los objetos que ocupa el espacio tienen una corta o una larga historia. Las obras que decoran las paredes las he producido yo o son obsequios de gente a la que he querido mucho. Las fotos que descansan en las mesillas me recuerdan instantes felices. Un vistazo a los lomos de los libros trae a mi mente pasajes, versos, personajes que siempre quiero mantener cerca. El abanico de mi mirada me permite reconocer el origen de lo que configura este nido tan lleno de mí y de mi vida. Todo tiene su sitio preciso e ideal. Nada está colocado al azar.

Lo que llega a mis ojos me recuerda todo lo que he logrado alcanzar con esfuerzo y mucho trabajo. Son cosas materiales, pero son parte de lo que soy y marcan mi historia. 

He apreciado en estos días con más fuerza esa sensación de paz que me embarga cada vez que entro a mi apartamento. De forma involuntaria este efecto recurre cuando veo imágenes o leo historias de personas desplazadas y hacinadas en espacios que pretenden ser hogares improvisados.

Recuerdo que hay cientos de criaturas que llevan casi un mes sin poder experimentar ese sosiego que describo, porque lo han perdido todo o porque la fragilidad de sus hogares los aterra. Llevan semanas en las que por techo tienen una lona y sus espacios compartidos no les regala ni siquiera la privacidad para llorar.

Han transcurrido varios años desde que comenzó la crisis económica en Puerto Rico y, con ello, son demasiadas las familias que han tenido que entregar sus propiedades porque no pueden mantenerlas.

Añadamos a esta ecuación las secuelas de la inacción de recuperación tras el paso de los huracanes Irma y María y ahora las secuencias sísmicas del pasado mes que han desplazado a muchos de sus hogares y paralizado parte de la Isla.

En el afán de decir algo hay quienes son insensibles y solo dicen disparates. Frases absurdas que hieren a los más vulnerables y a los que tienen consciencia. En estas palabras huecas siempre hay una línea que me llama la atención: “Son cosas materiales y se pueden reponer”.

Ciertamente la vida es lo que más vale, pero hay cosas que son irremplazables y que es imposible desligarlas de lo que uno es. Habrá quienes piensen que el apego a las cosas materiales no es saludable.

Sin embargo, reducirlas a llamarlas de esa manera es minimizar el esfuerzo y empeño de toda una vida.

Hay mucha gente responsable y trabajadora que vive asfixiada, tratando de llegar a tiempo para cumplir con todas sus obligaciones. Las circunstancias particulares han cambian dramáticamente y lo que en un momento podía ser ya no lo es, imposibilitando que se logre recuperar lo perdido.

Además, hay cosas que son sencillamente insustituibles, que tienen tanto valor que es imposible otorgarle uno, aun cuando prevalezcan en el recuerdo.

La realidad de la mayoría de los puertorriqueños hoy en día es sobrevivir el estrangulamiento de un país quebrado, provocado por líderes irresponsables o incapaces que no han actuado como corresponde en momentos de crisis. Un país donde todavía, a dos años y medio del último huracán, vemos casas con toldos azules. Un país en el que ese ahogo te obliga a tener tres trabajos, para morir en un accidente presa del sueño y el cansancio; que te empuja a vender tus posesiones para poder seguir adelante y procurarte un nuevo camino. Situaciones tan críticas que tu única opción es el exilio o vivir en casa de quien te acoja.

Son miles las personas que han tenido que renunciar al fruto de décadas de trabajo, a sus memorias tangibles, porque la naturaleza o las circunstancias se las arrebataron.

Podrán decir lo que quieran, pero perder todo es perderse un poco, aunque se siga viviendo.

[email protected]

  • Compartir esta nota:
Posts relacionadas
Comentarios
    Dejar comentario
    Volver arriba