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El traje de novia que se tiene que regalar

La bondad de una madre puertorriqueña cumple el sueño de futuras esposas
  • Por Salomé Ramírez Vargas
  • 10 JUL. 2019 - 06:00 AM
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Jennifer Sáez Ayala recibió el vestido con la condición de que luego de su boda, lo regalara a otra futura esposa. (Suministrada)
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Hace siete años, un traje blanco esperaba colgado en el armario de la familia Huertas para ser usado camino al altar. La hija de Olga ‘Olguita’ Enid Huertas Torres, se casaría con el amor de su vida en el Club Náutico de San Juan, pero los planes cambiaron en el último momento.

Un trabajo de investigación en psicología clínica obligó a que Olga Marie Ramírez Huertas tuviera que mudarse a Texas antes de su boda. Al saber que tendría que posponer la celebración, la hija de Olguita decidió casarse por lo civil, con la esperanza de que algún día usaría el traje blanco que tanto soñó. Sin embargo, los años pasaron y ese momento nunca llegó.

Durante casi una década, el vestido de Ramírez Huertas estuvo guardado en la casa de Olguita, quien el pasado febrero decidió que era hora de que cumpliera su propósito.
Con esto en mente, Olguita llegó el mismo mes al salón de belleza que frecuenta en Bayamón, donde su estilista hablaba por teléfono con una amiga que la había llamado para compartir su felicidad: su novio le acababa de pedir la mano.

Jennifer Sáez Ayala se había comprometido dos días antes de llamar a su amiga y por su mente aun no pasaban los detalles de los preparativos para la boda. Al otro lado del teléfono, Olguita escuchó la historia y preguntó qué talla era Sáez Ayala. Al recibir respuesta exclamó sin dudar “dile que no se preocupe, que yo le regalo el traje de novia”.

Sorprendida porque “sabe lo que cuesta un traje de novia”, Sáez Ayala aceptó reunirse con Olguita para ver el vestido. Dos horas más tarde, ambas se encontraron en el salón de belleza. Olguita había recogido el vestido en su casa y estaba esperando a la recién comprometida para que se lo probara.

“Lloré cuando me vi en el espejo. Así de emocionante fue. Yo había escuchado que uno iba a saber que el traje era el indicado, pero no pensé que fuera a ser tan rápido. Cuando me vi en el espejo, yo supe que ese traje era para mí”, confesó Sáez Ayala.

Debido a la costura del traje, no podía ser alterado o arreglado de alguna manera, por lo que la persona que lo usara, debía vestirlo a la medida. Según la entonces novia, al ponerse el vestido, era como si lo hubiesen hecho para ella. Al ver a Sáez Ayala en el vestido, Olguita no pudo contener las lágrimas. “Aunque nunca pude ver a mi hija, me alegro que sirvió para alguien que tenía ese mismo sueño, y yo me he sentido parte de él”, reveló.

A pesar de que la futura novia se ofreció a pagarle el vestido e invitarla a su boda, Olguita se negó, pues según ella, “las bodas son para la gente intima”. La única condición era que el día de la ceremonia le enviara una foto en el vestido, y que cuando terminara de usarlo, lo pasara a alguien que tenga la misma necesidad.

Según Olguita, su hija, quien regresó a Puerto Rico para atender su condición de esclerosis múltiple, entendió que regalar su vestido impactaría la vida de otra persona que “está logrando su sueño esperado”.

Sáez Ayala se casó en mayo pasado, y ya pasó el vestido a otra novia. “A la muchacha que le regalé el traje, fue la misma experiencia. El traje le quedó exactamente como me quedó a mí”, contó.

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Los requisitos de Jennifer a la futura esposa fueron los mismos, enviarle una foto a Olguita el día de la boda, y pasarlo a otra novia una vez termine de usarlo. De esta manera, el traje blanco que estuvo guardado por tantos años, seguirá brindándole felicidad a muchas novias.

“Yo quiero que la inversión que yo hice sirva para la alegría de otro”, concluyó Olguita.

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