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Experta en derecho del vino y las bebidas espirituosas define el gusto boricua

Manon Petex, una francesa que se mudó a Puerto Rico tras un flechazo de Cupido, tiene a su cargo las compras de vino para las enotecas The House y los supermercados Supermax
  • Por Rosa María Gonzalez Lamas
  • 14 JUL. 2019 - 06:00 AM
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Manon Petex, la letrada del vino.
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Cuando notificaron a los suplidores de su incorporación a la empresa, a su correo electrónico empezaron a llegar felicitaciones y buenos deseos para el señor Manon. «No se imaginaban que yo era mujer y joven, y con el tiempo descubrieron que también podía ser dura a la hora de negociar», relata a Magacín Manon Petex, encargada de compras de vino para las enotecas The House y los supermercados Supermax.

Salvo que les gustara la ópera, probablemente nunca habían escuchado este nombre tan literariamente telenovelesco, como ha sido un poco la vida de esta chica de París a quien sus padres, amantes de la música, determinaron bautizar con el nombre de la musicalísima y controvertida Manon Lescaut.

Además de melómano, su padre era profesor de arte pero, sobre todo, un gran aficionado al arte del vino. Así que Manon se «bañó» de cultura enófila desde que tuvo uso de razón y desde que comenzó a recorrer la Francia vitivinícola con su familia. «La primera región que me marcó fue Champagne, cercana a París e inolvidable por sus pequeños pueblos, extensas viñas y gente fantástica », rememora.

Pero aunque le apasionaba el vino, lo que realmente quería Manon era ser abogada. Primero estudió derecho civil, luego mercantil, y cuando iba a realizar su segunda especialización descubrió que también había un derecho del vino y bebidas espirituosas. «Y entonces todo tuvo sentido. Se dio la conexión perfecta y fue obvio que el derecho del vino era el destino por el que me tenía que encaminar», detalla con seguridad.

Así que al conocer que impartían la materia en Burdeos y en Champagne, su brújula apuntó sin titubeos en dirección de burbujas para convertirse en una efervescente letrada.

Acostumbrados muchos a circunscribir el vino a su perspectiva hedonista y romántica, poco se piensa que es un negocio como otros con un marco legal y reglamentario complejo y abarcador. De ahí que surgiera esta especialización académica relativamente reciente que aborda del vino tantos elementos como tentáculos de un pulpo y en la que hay que ponderar legislación a nivel del país productor, el ámbito europeo y el internacional.

Entre las materias que engloba, la fiscalidad; el derecho social en lo que concierne a los contratos de trabajo; aspectos de índole criminal, como son prácticas de elaboración prohibidas; el etiquetado, con requisitos diversos a la hora de exportar; la propiedad intelectual, que atañe a registros de marca, de imagen, denominaciones de origen y falsificaciones; lo comercial; el transporte, especialmente internacional; el consumo; la producción agroalimentaria; los reglamentos de las denominaciones de origen productoras; los subisidios o la publicidad, crítica en Francia donde el vino se considera alimento pero, para efectos publicitarios, alcohol y un producto peligroso que impone estrictos requisitos a su propaganda.

«Algo nuevo para mí fue DACO, con cuyo funcionamiento y reglamentos tuve que familiarizarme por el tema de ofertas », explica Manon.

Lo cierto es que ella no estaba del todo ajena al acontecer boricua, pues una tía residía en la Isla, a la que en 2012 vino de vacaciones. Quince días que dieron un giro de 360 grados a su vida porque en una playa conoció al que hoy es su esposo. «Fue un flechazo. También es abogado, fabuloso, bueno de corazón, distinto a mí, pero nos entendemos a la perfección».

Así que con el corazón partío y enamorada «hasta las trancas» regresó a Francia y luego se dio un intercambio de idas y venidas transatlánticas que le llevó a él a estudiar a Suecia, hasta que finalmente Mendoza acogió a ambos por medio año, él redactando su tesis y ella practicando el español que había aprendido en el colegio y realizando unas prácticas en derecho del vino con un bufete local, experiencia que también le permitió conocer con minucia y en vivo a la Argentina como país productor y al resto de América Latina, dándole una perspectiva totalmente distinta del vino.

Su tesis comparó la publicidad de vino entre Francia y Argentina, y su principal conclusión fue que el Viejo Mundo vitivinícola debería de empezar a pensar más como el Nuevo Mundo ya que su conservadurismo pudiera afectarle adversamente a largo plazo. «Creo que a nivel de publicidad es más divertido, menos serio y hace a la gente más proclive a probar cosas diferentes y simpáticas», observa.

A pesar de su vocación y estudios no llegó a ejercer la abogacía, pero durante un período colaborando en un bufete boricua coincidió con ejecutivos de Supermax, descubriendo que buscaban a alguien que les ayudara a potenciar el área de vinos con propuestas más amigables al consumidor, una visión afín a la suya en materia de publicidad y una proposición que le ilusionó por ser ya cliente de The House.

«Desarrollé mi faceta comercial aquí y cuando la descubrí me percaté de que eso era lo que realmente me gustaba del vino». En la empresa no había un comprador específico para vino, se creó esa posición, una apuesta que Manon considera acertada porque «el vino tiene que mercadearse aparte de otros productos».

Remodeló varias cavas de los supermercados, transformando espacio y contenido para hacerlas más apetecibles al consumidor. «Uno de los momentos más ilusionantes de mi carrera fue montar la nueva tienda de The House en Caparra con el equipo, curiosamente dominado por mujeres», profundiza.

Para elegir referencias tiene claro el hexágono que considera define el gusto boricua por el vino: que sea fácil de tomar, agradable y objeto de conversación, que tenga una etiqueta clara, un precio justo y calidad que supere al precio. «Los consumidores hoy son más curiosos, abiertos y receptivos gracias a la educación y a la oferta de tiendas especializadas. Ahora se prueban más vinos de Sudáfrica o Nueva Zelanda, la gente busca uvas autóctonas, cosas con personalidad», revela, añadiendo que entre su clientela domina el segmento entre 35 y 55 años y muchas mujeres.

La fuerza femenina en un mundo «que sigue siendo masculino» le ha entusiasmado mucho, sugiriendo que el del vino es un territorio potencial de igualdad entre consumidores. «Son mujeres que trabajan y quieren consumir, beben de todo. Hay que deshacerse de los clichés, entender que la consumidora de vinos trasciende los espumosos y vinos rosados, y también puede ser experta en vinos y otras categorías como las cervezas artesanales o los espíritus destilados como el whisky», subraya, confesándose bebedora de éste, aficionada al ron y una hábil negociadora a la hora de lidiar con suplidores, maximizando, sin duda, sus destrezas de litigio.

Cree que en la oferta de vinos de la Isla hay una gran oportunidad para un espectro de vinos espumosos que trascienda el cava, el prosecco y el champán, y también para salir de lo clásico. Opina que debería haber más oferta de lugares como Australia, Nueva Zelanda, incluso buenos vinos de Lambrusco y, sobre todo, Portugal. También que falta osadía en materia de dulces, disfrutando nuevas expresiones como las de los Sauternes, «increíbles para el sushi y la comida picante como los tacos».

A ella le gusta el dulce, adora la pastelería francesa y se declara aficionada a la confección de postres franceses, pues de su madre heredó la afición a la cocina. Es devota del queso Comté y, de los sabores criollos, la embrujan los tostones, pero de pana, que acompañaría con un champán blanc de blancs con buena acidez para compensar la grasa de la fritura. «El vino es un placer, como la comida, no se puede ir a medias».

Habla francés, inglés, español, algo de ruso, comprende el italiano y dedicó 15 años a la natación competitiva, que le enseño el rigor y le permitió desarrollar un espíritu de competición en su trabajo. Zambullida en el vino desde pequeña, también lo estuvo en la música clásica y en el rock de los setenta, por lo que disfruta por igual de Mozart que Beyoncé, de Silvio Rodríguez que Bad Bunny.

¿Botellas especiales? En su lista de deseos Cognac Louis XIII, Vega Sicilia, Opus One y tres champanes : Krug Clos du Mesnil, Louis Roederer Cristal y, por supuesto, Dom Pérignon. Habrá, sin duda, muchas más que ésas. Solo tiene 26 años y un mundo por delante.

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