Loader

Una zapatera boricua en Argentina

Viviana Torres dio un giro total a su vida con el objetivo de cumplir un sueño
Photo
Viviana Torres aprende el oficio de la zapatería en el Taller Escuela López Bizcaíno, en la ciudad de Buenos Aires, Argentina. (Fotos: Suministradas)
  • Compartir esta nota:

Viviana Torres usó zapatos ortopédicos casi desde que dio sus primeros pasos hasta que cumplió ocho años con el propósito de corregir una condición de salud. A pesar de su corta edad, el impedimento de poder utilizar calzado regular convirtió este accesorio tan necesario en todo un objeto de admiración.

“Me llamaba la atención las texturas, los colores, los tacos y hasta el sonido que emitían cuando la persona caminaba. Como no podía usarlos, se convirtieron en un objeto deseado. Podía saber cuándo un zapato era bueno o era malo”, asegura.

Pero la vida la llevó por otros caminos. Hizo un bachillerato en educación y luego una maestría en currículo y enseñanza. Le dedicó años al salón de clases y a asesorar a compañías que ofrecen servicios educativos. No obstante, el diseño siempre le atrajo, pues lo veía como una manifestación de arte y a ella siempre le gustó el arte, tanto como las letras.

En el 2015 solicitó el bachillerato en diseño de interiores que recién comenzaba a ofrecerse en el recinto de Carolina de la Universidad de Puerto Rico. Pero una nueva oportunidad de trabajo frenó sus planes.

Cambio radical

Un conflicto en el centro educativo donde laboraba la llevó a cuestionarse si eso era lo que deseaba hacer por el resto de su vida. Y la respuesta la llevó a hacer un cambio de dirección radical. Decidió que por fin uniría su pasión por los zapatos y el diseño. Para lograrlo necesitaba valentía y dinero. El primer requisito lo cumplía, pero el segundo no.

Fue cuando comenzó a buscar opciones, comenzando por universidades y escuelas en Italia, las cuales eran muy costosas y cuyos currículos no la convencían del todo. “Después de un año de investigar, la brújula marcó Buenos Aires y no se equivocó”, comenta la zapatera nacida y criada en Bayamón.

Le tomó un año prepararse para el cambio y llegar hasta el maestro zapatero Fernando López Bizcaíno, en su Taller Escuela López Bizcaíno, en la ciudad de Buenos Aires, Argentina. Desde hace cuatro meses asiste al taller que es una cuna de diseñadores emprendedores de zapatería artesanal de calzado de alta gama. “De la mano de este genio se pare lo que sea”, asegura.

Torres menciona que hay gente que tiene su línea de zapatos y se sigue preparando. “Me llamó la atención el currículo del taller escuela porque es práctico. En educación el teórico John Dewey decía que ‘se aprende haciendo’ y eso es lo que se hace aquí. Vamos trabajando, haciendo y aprendiendo de los errores. Eso es valioso”, añade.

Con la fuerza del Caribe

Su llegada a Buenos Aires le confirmó que la decisión, aunque drástica, fue certera. Torres comenta que ha sido bien recibida por sus compañeros en el taller y por sus vecinos, los que la han bautizado como la “zapatera caribeña”, nombre que utiliza en sus cuentas de redes sociales.

“Quería un nombre que me representara y que de alguna manera manifestar lo que proyecto. Ese nombre me lo dio Argentina, me reconocen como la caribeña. Soy muy querida en mi barrio y por mis compañeros. Todo esto ha sido un proceso muy orgánico”, menciona.

Mientras aprende, Torres también se ha dedicado a vivir esta experiencia al máximo y no pierde tiempo en enriquecerse con la gran cantidad de actividades culturales a las que tiene acceso en Buenos Aires. Destaca que aprecia el hecho de que el arte este accesible y que los teatros abunden en la ciudad, elementos de los que se nutre y que la inspiran. También trabaja con el desarrollo conceptual de su línea de zapatos.

Planes para su isla

Aunque disfruta esta nueva etapa de formación profesional y su estadía en Argentina, la mujer de 41 años confiesa que extraña a su familia y a su perro, Lino.

Una vez culmine su proceso de formación, Torres planifica regresar a Puerto Rico para establecer un “taller escuela de zapatería artesanal de calzado de alta gama”, pues entiende que en la isla se conoce la zapatería de arreglo, pero no existe la costumbre de visitar a un experto para que confeccione un par de zapatos desde cero.

“Vivimos en un país donde no hay cultura zapatera. Vivimos atrapados en que vamos, compramos y cuando no nos gusta lo desechamos. Me parece que Puerto Rico y el Caribe merecen esto. Nos conocemos por muchas cosas, pero no hemos sido educado en el valor que tiene un zapato hecho a mano o que un zapato que tenga la posibilidad de hacerse a mano, pero gustó tanto que tuvo que irse a producción”, explica.

Con este proyecto, Torres uniría sus dos grandes pasiones, que son la zapatería y la educación.

  • Compartir esta nota:
Volver arriba