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El osado, pragmático y educadísimo Pablo Álvarez, pilar del vino español

El CEO y Director General de Vega Sicilia, conversa en exclusiva con Magacín, mostrando que no es posible vivir de la fama de leyenda, sino demostrar por qué sus vinos son legendarios
  • Por Rosa María Gonzalez Lamas
  • 13 MAY. 2019 - 10:47 AM
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Pablo Alvarez no suelta prenda sobre si el nuevo proyecto de bodega al que da forma estará o no en España, pero con lo que sí puede contarse es que en muy pocos años las manecillas de los Tempos Vega Sicilia tendrán un nuevo tictac en una gran zona vitivinícola del mundo, cumpliendo el plan estratégico de hacer transcender fuera de su Ribera del Duero originaria al proyecto enológico que su familia abrazara en 1982 al adquirir la bodega más importante de España.
Es un titular que deja la visita a Puerto Rico del CEO y Director General del gran referente mundial del vino español y su tempranillo, quien regresó a un territorio enófilo bien familiar para re-encontrarse con profesionales del vino, coleccionistas y viejos y nuevos devotos de esta mítica marca y otras del grupo que regenta, distribuidas localmente por La Enoteca de Ballester, el socio de negocios más antiguo de Vega Sicilia en el mundo.
Hacía tiempo, aunque no tanto como el que Vega Sicilia se ha mantenido en la cima del vino del mundo, y era tiempo, porque en la cronología vegasiciliana el último lustro ha sido sido de los más dinámicos de una bodega que, a pesar de estar en la cúspide, no para de evolucionar.
«Hay que moverse», explica Álvarez en exclusiva a Magacín, mostrando que no es posible vivir de la fama de leyenda, sino demostrar por qué sus vinos son legendarios. «Me preguntan para qué viajo tanto si tengo todo el vino vendido. Porque viajo, vendo. Si no viajas, nadie te conoce. Hoy exportamos a 130 países entre los que Puerto Rico siempre ha sido importante», declara, apuntando que España, como colectivo, no se ha sabido mover en el mercado global del vino.
Y es que Álvarez es crítico cuando precisa. Su dilatado quehacer y su trabajo dedicado le confieren del mundo del vino un prisma abarcador que permite sinceridad y una mirada tan cristalina como el cristalino azul de sus ojos, sincronizados con el Atlántico que enmarca un diálogo íntimo, sincero y sin prisas sobre Vega Sicilia, el vino y él, elocuente y sagaz interlocutor.

Pero sobre todo paciente. Porque a pesar de vivir en un mundo regido por la inmediatez y la urgencia, el capitán de Tempos Vega Sicilia es hombre pausado porque el tiempo es fundamental en el mundo del vino y el ADN empresarial de un paradigma de lujo en que viña, envejecimientos y nuevos proyectos se manejan sin prisas, y la elaboración con la artesanía e impecable precisión de reloj suizo. 
Porque el lujo no es ostentación, sino escasez y una religión de consistencia y máxima calidad, sin prisas, pero con futuro. Por eso Tempos fue el paraguas bajo el que se ampararon Vega Sicilia, Alión, Pintia y Oremus, las bodegas en íntegra propiedad del grupo, cuando en 2014 la empresa celebró sus 150 años y cambió de imagen corporativa, envolviendo sus proyectos bajo este lema que alude al concepto tiempo como exigencia primordial de sus vinos.  
Desde entonces, el tempo de Tempos ha perseguido fortalecer las relaciones con sus distribuidores internacionales y sus esfuerzos de divulgación para seguir ensalzando su imagen, llegando a nuevas generaciones y consolidando un continuo crecimiento que ha llevado al grupo de una a varias bodegas y a una producción anual de 1.5 millones de botellas, cinco veces más que cuando Alvarez entró a Vega Sicilia. «Hay que estar en permanente evolución y aprendizaje».
Una filosofía también replicada en la parte enológica, ya que las bodegas han evolucionado, pero manteniendo su esencia que, en el caso de los de Vega Sicilia de Ribera del Duero y sus etiquetas Valbuena 5to Año, Único y Reserva Especial, tiene un perfil de vinos maduros y extremadamente elegantes, fundamentados en envejecimientos meticulosos y prolongados como clave de su sofisticación. Tan emocionantes ahora como en varias décadas.  
«El mejor vino nunca se termina de hacer. Siempre se puede mejorar gracias a la evolución técnica, condicionada a nuestro servicio y al de una naturaleza cambiante», advierte. En Vega Sicilia la viña ha sido pilar de una impresionante sala de elaboración en bodega, a la que en 2014 se incorporó Gonzalo Iturriaga como Director Técnico. «Vega Sicilia no hace los vinos como hace medio siglo. Hoy gustan los vinos más frescos, pero sin perder la personalidad», dice, anticipando que en los vinos por venir se notará menor protagonismo de la madera y mayor destaque de la fruta. 
Con él y con el jefe de viñas, Alvarez mantiene una comunicación constante, que junto con su quehacer en la bodega le ha permitido adquirir gran conocimiento enológico aunque no tenga ni persiga una formación académica en enología. «Llegué sin saber de vinos, pero me enamoré de esto que hago», subraya, un desconocimiento positivo para Vega Sicilia por permitirle aportar al negocio una óptica fresca y diversa que hoy interesa repetir al reclutar a su equipo administrativo.
Educadísimo, pragmático y con abundante sentido común, es osado cuando necesario, tanto en palabras como en los negocios o hasta en el vestir. Tan arriesgado como cuando apostó por devolver el esplendor a los dulces Tokaji húngaros de Oremus, antaño los vinos más prestigiosos venidos a menos durante el régimen comunista, que Vega Sicilia rescató con mucho esmero para renovarles de manera visionaria, o «aventurera» según Álvarez, re-encumbrándoles e innovando al comercializar el primer vino seco de uva furmint, el estupendísimo blanco Mandolás. 
Macán es hasta ahora el más joven de los proyectos, una bodega en conjunto con la familia Rothschild cuyos Macán y Macán Clásico son muy valorados por el mercado aunque Alvarez piensa que aún no han alcanzado su cénit. «El tiempo les hará grandes vinos. Se perfeccionarán a medida que entendamos mejor las viñas, las maderas, a Rioja y el comportamiento de la tempranillo allí, lo que requiere de tiempo y experiencia», detalla aclarando que no se pueden equiparar los procederes de Rioja y Ribera porque cada zona tiene su singularidad.
¿Qué opina de la nueva clasificación Viñedo Singular? ¿Debe esta nueva pirámide riojana extenderse a Ribera del Duero ?
«Ser de una parcela específica no hace mejor a un vino. El vino se crea, se ve su evolución y luego se clasifica. Borgoña no se creó en un despacho; las clasificaciones llegaron tras siglos», apunta, sin descartar que a largo plazo los vinos de parcela pudieran llegar a Vega Sicilia considerando el gran trabajo de campo que se ha realizado por décadas estudiando suelos, multiplicando uvas e inclinando el cuidado por una línea más biológica y natural que ha redundado en una viticultura más precisa y de mayor calidad, algo que percibe la bodega debería comunicar con más ahínco.  «La viña es la base y es un mundo inacabado. Un ser vivo que hay que respetar como a un humano».
En Puerto Rico probó un Valbuena 3er Año, una etiqueta que Vega Siciila dejó de hacer en 1987 para dar paso al demandado Alión, un Ribera mimado aquí. «Me encanta viajar, estoy fuera 120 días al año. Me fascina conocer gente, conocer bodegas, siempre hay algo que aprender. Pero también adoro estar en mi bodega».
Hace deporte, casi por obligación, le gusta la música en general y el trabajo, de modo natural. Y tanto comer como cocinar, que además le relaja, «Soy vasco, es normal», apunta quien tuvo que abandonar el País Vasco tras amenazas de la banda terrorista ETA a su familia. «Mi madre lo sintió mucho. De ella viene mi afición por la gastronomía. Decía que aprendió a cocinar porque tenía siete hijos críticos».
El evangelista del tiempo no da puntada de vino sin hilo. Seguirá vinculado a la bodega, pero a los 70 piensa retirarse de la «ejecutividad» para lo cual ya prepara la estructura de sucesión. «La familia debe de seguir en el negocio y es lo que organizamos», adelanta.
Antes, esa sexta bodega que añadir a Vega Sicilia y Alión en Ribera del Duero, a Oremus, a la cada vez más solicitada Pintia de Toro, y a Macán. No parece que sea en Jerez, cuyos vinos cataloga entre los grandes del mundo y donde hace un tiempo estuvieron a punto de emprender un proyecto. Los runrunes más sonoros apuntan a California, aunque tampoco podrían descartarse otras regiones. Aunque el destino sea enigma, la certeza es que los vinos serán perdurables y de calidad, sin fisuras. Tiempo al Tempos.

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