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Impresiones de conducción y otras confesiones de una tarde lluviosa

Cuando me vi frente al volante de una despampanante Porsche Macan 2019, con su escudo del caballo encabritado, refinado fondo dorado, entre rayas de rojo y negro y un gran tablero con más de 20 botones... mi reacción instintiva fue cruzarme de brazos y preguntar despavorida "¿pero cómo es que arranca esto?"
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Una de nuestras editoras probó la nueva Macan 2019 de Porsche
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Me confieso. Uno de los códigos del manifiesto del proletariado -al que yo me he suscrito voluntariamente- es que una vez terminas de pagar tu auto, disfrutas de la libertad de tener una mensualidad menos… por un tiempo. Y en mi caso, ese paréntesis autoimpuesto se ha extendido ya por más de una década. Por eso, cuando me vi frente al volante de una despampanante Porsche Macan 2019, con su escudo del caballo encabritado, refinado fondo dorado, entre rayas de rojo y negro y un gran tablero con más de 20 botones, me invadió el estupor y la fascinación que provoca una marca de culto. Así que mi reacción instintiva fue cruzarme de brazos y preguntarle despavorida al empleado del dealer (con camisa blanca de manga larga y yuntas incluidas), "¿Pero cómo es que arranca esto?".

Me confieso. Que no soy como mi hermana. En las lides automotrices, (y solo en estas, nótese), ella me supera. Ella, una Dánica Patrick cualquiera. Ella -llamémosle simplemente la banquera, por aquello de preservar su privacidad- es de las que cambia el carro cada vez que se aburre y para colmo, sus últimas dos adquisiones han sido de la familia Porsche.
Por tanto, después de burlarse un buen rato de mi evidente ignorancia en el mundo de las llaves sin dientes (porque son inteligentes), del pavor provocado por las habilidades cuasi paranormales de una SUV de acabados premium que sabía exactamente cuándo me montaba o me bajaba del vehículo y ni hablar de todo lo que sabía de mis gustos musicales y el contenido del iPhone de Larissa, me fulminó con la frase: "Es que tú nunca has guiado un Porsche, sino, lo entenderías". Lanzado el reto, dejándome totalmente vulnerable, desarmada y en evidencia, me propuse hacer precisamente eso durante el fin de semana. Aunque se rajara el cielo y lloviera todo lo que los meteorólogos habían pronosticado.

Lujo entre gota y gota
El primer mensaje de texto -¿o misiva de auxilio?- fue para mi amigo el norteamericano de ascendencia alemana y fanático de los carros, que no dudó en soltarme una disertación en torno a las cualidades dinámicas que se esperan de un Porsche, así como la actualización estética, mecánica y tecnológica de este modelo. Como un nuevo parachoques frontal que reubica los faros antiniebla, el volante deportivo para seleccionar los distintos modos de conducción, las luces diurnas, las luces traseras que ahora recorren la parte trasera de lado a lado y los nuevos grupos ópticos de leds de serie.

Con el copiloto asegurado para esta aventura podía respirar tranquila. Después del ajuste eléctrico de los asientos, que permite un amplio rango de alturas y posiciones de la banqueta y el respaldo, luego de abrir el espectacular "sunroof" o techo panorámico. recogería a una pareja de amigos, recién mudados a Puerto Rico y conduciríamos derechito, por la Ruta 66.

Una atmósfera deportiva, producida por el sistema de tracción total y su buena entrega de potencia, nos acompañó todo el trayecto. Porque, que quede claro, ¡esta SUV corre! Según el "midwesterner"-alemán, resulta que el chasis es el plato fuerte de la Macan, que redondea el paso por curva, muy acorde con su talante deportivo. Esa tarde, el plan era llegar hasta Fajardo, pero la lluvia y el hambre pudieron más. De modo que antes de llegar a Luquillo, nos detuvimos para el sushi.

Ahí aprendí que solo a Lisa y a mí nos gustaban los crudos y los de anguila, mientras que los caballeros se disputaban los egg rolls". Pero como ya viene siendo costumbre de los cuatro culminar una comida con café, decidimos regresar en dirección hacia Carolina hasta The Mall of San Juan. Ya en Starbene, ordenamos café y los amigos probaron el gelato de chocolate negro de Forteza, que es una exquisita marca local.

La sobremesa fue en la terraza enorme con vista a la laguna y el Teodoro Moscoso. Y como la lluvia cesó, seguimos de paseo en la Macan blanca. Esta vez, para visitar a unos amigos en la Villa de Torrimar. Notamos todavía más ejemplos de su comportamiento dinámico, cuando volvió a diluviar, desde que dejamos la Avenida Central, escuchando uno de mis "playlists"completamente ochentosos.

La consola central, que en este nuevo modelo mide 10.9 pulgadas, con su pantalla táctil de alta resolución, fue clave para llegar. Como nos conectamos por Here Cloud –la nube donde se almacenan datos–, que se utiliza para asuntos relacionados con la navegación, esta proporcionó datos online actualizados constantemente para que la ruta fuera calculada con rapidez. La magia radica en que este nuevo sistema dispone de navegación online, conexión preparada para teléfono móvil, dos interfaces de audio y control inteligente por voz.

Durante una tregua del aguacero, algunos jugaron tenis, después baloncesto y yo, que estaba de mahones largos y en tacones -por supuesto- me dediqué a animar la partida hasta que todos terminaron retozando y comiendo frente a la piscina.

De vuelta, el aguacero no se hizo esperar, pero a estas alturas, lo adoptamos como una condición necesaria para este "test drive" de lujo entre gota y gota.

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