Loader

Preston Bailey, un provocador de impacto

El experto en bodas y su equipo creativo impartirán una serie de talleres en Puerto Rico del 14-17 de agosto que culminarán con la decoración y ambientación de una boda en el Hotel La Concha
Photo
Preston Bailey está de visita en la Isla. (Ingrid Torres/ Especial)
  • Compartir esta nota:

Preston Bailey, a pesar de su hablar suave y sonrisa fácil, entra a un salón y lo posee. Su porte, su estatura, su selección de vestimenta, no defraudan. Y no es meramente la fama que le precede, por haberse encargado de hacer la boda de Eva Longoria con Pepe Bastón, la de Ivanka Trump, la de su hermano Eric, Liza Minelli, y la de Melissa, hija de la recordada “policía de la moda”, Joan Rivers. Es que sabe, sin duda -como florista, coordinador y decorador de eventos de lujo- del poder del color.

Después de todo, azul royal de pies a cabeza no es una selección tímida sino circunscrita para valientes.

Tal vez sea por los años que fue modelo, cuando se distinguió en la industria de la moda, o por el tiempo que lleva viviendo en Nueva York, una ciudad en la que todo amante de la estética y el diseño queda encandilado al tiempo que adiestra su ojo. 
Tal vez sea por su herencia latina -nació en Panamá, en cuna humilde- o porque gracias a su trabajo se ha viajado el mundo relacionándose con jeques, emires, princesas, políticos, socialités y estrellas. Así que reconoce que las diferencias enriquecen. Que se respeta aunque no esté del todo de acuerdo.

Preston Bailey observa detenidamente todo a su alrededor. Con disimulo se fija en los muebles, los cuadros, la luz y los matices, para ver dónde tiene cabida el drama y la expresión. Como quien escribe, se ajusta los espejuelos, y decide dónde poner un signo de exclamación.

Había visitado Puerto Rico antes, pero esta es la primera vez que se hospeda en plena Avenida Ashford, en el Hotel La Concha y recién ha descubierto la movida tropical urbana y las posibilidades de la hospedería de arquitectura modernista, con aires de los años 50. ¿Cómo no fijarse en esa piel de quiebrasoles, los patrones de piso en el terrazo adiamantado y -literalmente- esa concha blanca que reposa elegantemente arrullada por el mar? “La veo desde el balcón de mi habitación, es una pieza de arte, me tiene extasiado. No imaginaba que me encontraría con espacios tan estimulantes para intervenir. Mi equipo y yo estamos muy entusiasmados con los talleres que vamos a ofrecer (que incluyen cursos del arte de transformar un salón, arreglos de flores elaborados, planificación y redes sociales, entre otros), y con la boda que vamos a trabajar”.

De paso, es que La Concha llevó a cabo un concurso y seleccionó una pareja de escasos recursos -Rebeca Cintrón y Carlos Benjamín Ortiz, de Cayey, que entre los dos tienen cuatro hijos- para que Preston Bailey decore su boda y la organice junto a sus discípulos, Gregory Van GlaanenWeygel y Mara Torres-González, de Blanco by Mara, puertorriqueña que desde hace años es su “protegé”. También trabajarán con el equipo de la hospedería, liderado por Irene Álvarez, directora de catering de La Concha.

“En la industria ha llegado un punto en el que muchas bodas se parecen”, dice el experto. “Todas las bodas son de colores pasteles. Pues yo digo que aquí estando en el trópico, donde te rodean colores tan vibrantes, hay que hacer cosas que se salgan de lo común. Azules, naranjas... Me gusta reunirme siempre con la pareja mucho antes del evento en su casa, para ver cómo viven, los objetos que le rodean, me fijo en cómo visten. Les pregunto no solo qué les gusta sino también qué detestan. Se da un proceso orgánico a través del cual nos vamos conociendo y después de separar la fecha -porque afortunadamente siempre tenemos agenda llena- comienza el maravilloso proceso creativo. Compartimos por lo menos tres opciones -“renders” en papel- y entonces la pareja, o el cliente que sea, va seleccionando cosas de cada una de las ambientaciones. Yo no decido”.

Admite que la tecnología ha transformado la manera en que diseña, de hecho, adelanta que el año que viene hará un evento con efectos de hologramas. Pero asegura que es una puerta para múltiples posibilidades. Lo mismo que con la iluminación. “Yo empecé en esta industria en la edad de piedra”, al tiempo que suelta una carcajada, “pero ya hoy se sabe que sin la iluminación adecuada, eso te hace o te deshace un evento. Además, con las redes sociales, trabajas cada vez más con clientes educados, que saben lo que se está haciendo en casi todas partes”.

Y no sigue las tendencias. “Prefiero crear algo único para cada novia”, sostiene. “Si eso se convierte en tendencia, pues bienvenido sea”.

  • Compartir esta nota:
Volver arriba