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Una historia de amor transatlántica entre un riojano y una puertorriqueña

La pareja está próxima a producir un nuevo hotel boutique en España que se perfila como un nuevo destino de plácido lujo para quienes aman el vino
  • Por Rosa María González Lamas
  • 16 FEB. 2020
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Ababor el río Ebro y la Sierra Cantabria, a estribor algunas bodegas, en la proa interminables renques de viña y hacia arriba un cielo sin límites para imaginar un nuevo horizonte para el vino de Rioja y los puertorriqueños. Así, en las alturas, como las de los sueños, nació hace años una historia de amor transatlántica entre un riojano y una puertorriqueña que está próxima a añadir una cepa boricua al ensamblaje del Rioja y enlazar indisolublemente las murallas coloniales y adoquines de San Juan con la muralla medieval y las calles empedradas de Briones.

Esa muralla será una de las columnas del Hotel Santa María Briones, una nueva hospedería boutique que, tras un sobresaliente esfuerzo de restauración, espera abrir sus puertas en la primavera de 2021 como un nuevo destino de plácido lujo para quienes aman el vino, especialmente el de Rioja, la más antigua denominación de origen vitivinícola de España.

Famoso como escenografía de la archiconocida serie televisiva “Gran Reserva”, Briones es un pueblo español con encanto, con menos de mil habitantes, miles de visitantes y una multitudinaria población de cepas de vid. Declarado uno de los pueblos más bonitos de España, se yergue gallardo en la cima de una colina repleta de edificaciones bendecidas con nombres religiosos que atraen a devotos que llegan a la villa para vivir su religión del vino. Una iglesia, la de la Asunción, de enormes dimensiones y construida en el siglo XVI con piedra labrada, una gran torre del campanario, y retablos barrocos. Un ayuntamiento, antes Palacio del Marqués de San Nicolás. Ermitas del Cristo, los Santos Mártires o la de San Juan, erigida en el siglo XVIII. Una catedral, de vino, levantada en las faldas del pueblo con forma de Museo Vivanco de la Cultura del Vino. Y una calle, de la Concepción, donde se forja el nuevo hotel, cerca de la Torre del Homenaje, el castillo medieval del que aún quedan restos en la parte más alta de la villa.

Fue precisamente esa posición de atalaya colindante con la muralla medieval y un lugar estratégico del pueblo lo que encandiló a los propulsores del proyecto cuando en 2015 llegaron a Briones para visitar otra propiedad con la que pensaban poner fin a una larga búsqueda de un lugar especial y con historia en La Rioja para establecer un pequeño hotel con que legar a parte de su prole un futuro diverso de vida y trabajo, pero con la raigambre riojana y vinícola de la familia de uno de los emprendedores.

Briones les sorprendió con aquel palacete del siglo XVI y origen militar, cimentado sobre otra casa que se estima del siglo XI, y que se reveló idóneo para la largamente acariciada aventura hotelera que, antes de darnos cuenta, se convertirá en un hotel de cuatro estrellas y 16 espaciosas habitaciones distribuidas en tres niveles, una vez se complete el riguroso proceso de renovación y preservación en que se encuentra para sacar lustre al tiempo. 

La muralla es ahora valla del jardín y las paredes exteriores de la estructura testimonio del palacete original, del que también se conservan todas las piedras y tejas ancestrales que ha sido posible, así como el empedrado primigenio de lo que será el suelo de la recepción.

Junto con ese respetuoso ejercicio de salvaguarda de origen se está dotando a la estructura de originalidad con un nuevo interior que retendrá el espíritu medieval, pero sin aire vetusto, empleando una decoración contemporánea a la que los colores blanco y taupe insuflarán alma y vida, en simbiosis con techos que simulan madera y la piedra que aporta la sensación de antigüedad.

Al traspasar el umbral de la entrada, aquella vieja piedra del exterior cobrará vigencia y modernidad, dando paso a otro tiempo de vino. El hotel destacará por su luminosidad y espacios acristalados, suelos de madera, mobiliario moderno y confortable, elementos justos como los Gran Reservas que, como el hotel, son también una declaración de elegancia, paciencia, mesura y equilibrio.

Uno de los principales atractivos del hotel será un calado subterráneo recuperado donde históricamente se elaboró y almacenó vino para consumo familiar. Los hoteleros contemplan convertirlo en un espacio de encuentro y paladeo, para disfrutar del vino y de las «meriendas riojanas», saboreando recetas tradicionales como las chuletillas al sarmiento o las patatas a la riojana armonizadas con buenos vinos de la tierra. Porque la cava del hotel pondrá en un altar a los vinos elaborados en su Comunidad de La Rioja y especialmente la zona de Rioja Alta, e incluso contará con su propio vino de limitada producción.

Además de este calado, Hotel Santa María Briones dispondrá de un área más casual para desayunos y un restaurante gastronómico, abierto tanto a huéspedes como a otros comensales, con una apuesta por la tradición culinaria de Rioja, pero expuesta con alto nivel. El comedor tendrá un reservado, situado justo sobre los restos de un centenario lagar de piedra hallado extrayendo tierra del jardín, un ejercicio que reveló vasijas, un pozo y un aljibe que narran con voz locuaz la historia del vino en Briones.

El hotel se dirigirá a adultos y parejas y para preservar la intimidad de los huéspedes se construirá un edificio de servicios en el jardín y una torre para un elevador, inspirada en la torre del pueblo, pero integrada perfectamente en el paisaje y el espíritu renovador de la hospedería. Un pequeño gimnasio y una sala de lectura donde también podrán celebrarse reuniones y eventos complementarán la oferta del hotel que entre sus habitaciones tendrá una adaptada para personas con limitaciones de movilidad y se ha adecuado para quienes necesiten moverse en silla de ruedas. Y, por supuesto, el jardín, que se adornará con un olivo centenario, y donde podrá tomarse una copa o relajarse admirando La Rioja desde lo alto.

Ignacio Quemada, constructor de la bodega Campo Viejo-Juan Alcort a, es el arquitecto a cargo de la renovación, e Isabel López Villalta, decoradora entre otros de El Celler de Can Roca, considerado varias veces mejor restaurante del mundo, tiene a su cargo el interiorismo del nuevo hotel, un proyecto ambicioso tanto por el pedigrí de los recursos humanos que lo moldean, como por su aspiración como hospedería.

Un atractivo imbatible del hotel es su posición estratégica para las huestes de modernos soldados del vino y la gastronomía que, además de visitar bodegas de Briones como Finca Allende o Dinastía Vivanco, podrán usarlo como eje para emprender su particular cruzada enófila por La Rioja, gracias a su cercanía a Haro, con su histórico Barrio de la Estación que concentra la mayor cantidad de bodegas centenarias del mundo, o Logroño, capital comunitaria, con su imperdible calle Laurel, epicentro del tapeo. Son algunas de las actividades, al igual que las catas especiales o visitas a bodegas, que propondrá el Hotel Santa María Briones y que desde allí ayudarán a coordinar a sus huéspedes, quienes también podrán zambullirse en la extensa oferta histórica y cultural que ofrece la comunidad riojana, así como vivir festejos como las Jornadas Medievales celebradas anualmente a mediados de junio recreando la vida de Briones en el siglo XIV.

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