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Diseñadores locales dejan a un lado los trajes de gala para confeccionar mascarillas

Ocho reconocidos modistos puertorriqueños cuentan cómo la cuarentena trasformó lo que se considera la temporada alta de la moda
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A través de la confección de mascarillas, diseñadores locales transformaron la crisis en una oportunidad para diversificarse. (Foto: Shutterstock)
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Durante los primeros meses del año, muchas las personas acuden a los diseñadores del patio con el propósito de tener ajuares exclusivos con los que asistir a galas, bodas, actividades relacionadas a graduaciones y otros rituales religiosos como bautismo, primera comunión y confirmación.

Pero la cuarentena llegó en plena temporada alta de la moda local y la Orden Ejecutiva de la gobernadora Wanda Vázquez Garced prohibió todo tipo de actividad que congregue grandes grupos de personas y puso candado a las tiendas.

Ante ese panorama, a los creativos de la moda local les tocó reinventarse. Algunos le dieron forma al proyecto de dirigir sus ventas hacia el comercio electrónico y a volver a crear accesorios. Mientras, muchos otros decidieron aportar con su talento a cubrir la necesidad de protección ante la escasez de mascarillas.

Magacín conversó con algunos de los diseñadores locales sobre la manera en la que el COVID-19 transformó lo que parecía ser una crisis en una oportunidad para diversificarse.

David Antonio

Todo el proceso de crear mascarillas comenzó con un mensaje que el diseñador recibió de una de sus amigas. Ella trabaja en un centro de envejecientes y la falta de equipo para proteger a los ancianos escaseaban. Él entendió que era momento de poner su talento al servicio de quienes lo necesitaban.

“Busqué toda la información en páginas médicas sobre filtros y requisitos. Comencé a hacerlas para el centro y me siguieron pidiendo más para otros lugares. Al final, hice un montón”, destaca.

Durante las primeras semanas de la cuarentena, David Antonio donó todos los cubrebocas que produjo a personas que las necesitaban, pero comenta que ahora se encuentra confeccionado otra tirada más que serán para la venta, pues le fueron solicitadas por compañías privadas que desean mantener a su personal protegido.

Para el veterano diseñador, la cuarentena significó la posposición indefinida de los dos desfiles que presentaría en el mes de abril, uno de ropa de mujer y otro de ropa de hombre. Además, puso en pausa la confección de cuatro vestidos de novia en los que se estaba trabajando en su taller.

Juan Colón

Una llamada de su colega David Antonio fue lo que llevó a Colón a iniciarse en proceso de creación de mascarillas. Se trataba de unas piezas “que serían donadas a fundaciones y hospitales. Luego de eso comencé a crear con retazos de colecciones pasadas para regalarle a mis modelos, familiares y amigo. Después fue que comencé a vender al cumplir con los donados, porque quería que los míos se sintieran seguros primero”, asegura el diseñador.

Colón destaca que la producción de mascarillas ha cambiado drásticamente la rutina de trabajo en su taller en casa. Cuenta que, al principio de la cuarentena, se había dado a la tarea de hacer algunas prendas de vestir con telas que tenía a la mano, pero desde que empezó a hacer mascarillas se mantiene ocupado por mucho tiempo.

Se trata de crear con los materiales que se consiguen y tratar de hacer algo simple al menos bonito para que las personas se sientan mejor dentro de todo. La producción la hago yo solo pero ahora motivé a mi mamá después de un mes para que se entretenga al menos cortando los hilos y virando las mismas”, menciona.

Colón utiliza el correo para hacer llegar las mascarillas a sus clientes locales e internacionales. Además, utiliza las redes sociales para dar a conocer su trabajo.

“Los clientes ya esperan semanal a ver que estilos nuevos he producido. Son mascarillas simples porque lo importante es seguridad y comodidad. Porque de ahora en adelante será pieza clave dentro del uniforme diario de la vida”, asegura.

Marcos Carrazana

“La cuarentena me ha afectado en varios aspectos. Yo te diría que a nivel personal pues como a todos los puertorriqueños, la preocupación por protegernos y no contagiarnos, adaptarnos a estar en la casa. A nivel profesional y como empresario, la preocupación económica de los negocios ya que marzo, abril y mayo es el ‘high season’ del ‘fashion industry’ en Puerto Rico”, menciona el diseñador y propietario de Aurora Boutique en Arecibo y San Juan.

Esa mezcla de preocupación e incertidumbre lo motivó a hacer mascarillas porque asegura que, además de permitirle devengar ganancias, también le permite aportar su trabajo a entidades, hospitales y fundaciones a la vez que se siente productivo.

Carrazana confecciona las mascarillas en su taller, porque ahí es donde cuenta con las máquinas y los materiales que utiliza, aparte de que cuenta con el privilegio de tener al lado el almacén de telas de sus padres.

“Yo solo no lo hubiese podido hacer esto sin mi equipo de trabajo. Mi esposa Sandra está a cargo de la organización y de darle estructura a los pedidos, mi hijo Rocco Andrés envía las fotos del muestrario desde el IPad, mis suegros empacan mascarillas en las bolsitas y mis padres me ayudan a conseguir elásticos y entretelas etc. Mi hermana me ayuda a promocionarlas en las redes”, revela el diseñador.

Para Carrazana, confeccionar mascarillas ha sido un cambia muy radical que lo ha hecho crecer mucho más como profesional porque lo ha sacado de la rutina.

“Siempre como diseñador he trabajado las colecciones orientadas a los vestidos formales de noche y de novia, así que desde el escogido de los materiales hasta el patronaje de una pieza que es para cubrir la cara y no el cuerpo ya es un cambio drástico en la rutina de trabajo”, destaca.

Miriam Budet

Una semana después de haber presentado su colección para otoño-invierno 2020, la misma que había llevado a París poco antes, comenzó el periodo de confinamientos por lo que la diseñadora no tuvo tiempo de vender ningunas de esas nuevas piezas.

“Las piezas de la colección no las puedo enviar por correo porque tengo que medírselas al cliente. Eso ha complicado la situación porque de la venta de las colecciones es que devengamos dinero”, comenta Budet, quien trabaja en conjunto con su esposo, David Mercado Vicenty en el taller que creó en su casa luego del paso del huracán María.

Pero la diseñadora asegura que ellos no se quedaron sentados esperando a ver qué pasaba y comenzaron rápido a crear accesorios que venden a través de su página web. Además, la clientela de su línea comenzó a pedirles mascarillas y decidieron hacerlas. Durante las primeras semanas no las promocionaron porque las que hacían eran solamente para oficinas médicas y las personas que tenían que salir día a día a trabajar.

Ahora, Budet ofrece mascarillas en su página web, como parte de la variedad de accesorios que tiene disponible.

La diseñadora también ha aprovechado el tiempo de distanciamiento social para enfocarse más en su presencia en las redes a través de vídeos que comparte con sus seguidores. También “postea” con mayor frecuencia en su canal de YouTube (Miriam Budet) donde comenzó una serie de programas llamada “De la pasarela a tu closet”.

José Raúl

El trabajo en el taller de José Raúl se ha multiplicado desde que comenzó a vender mascarillas en telas llamativas. Además de los dos empleados que usualmente lo ayudan en su atelier, ha tenido que contratar a otras siete personas para poder cumplir con la demanda, pues además de los cubrebocas, su clientela también le ha comprado parte de la colección que ya tenía lista para presentar el 16 abril, desfile que no se llegó a celebrar.

Estoy trabajado cas 16 horas los siete días de la semana, porque estoy fabricando mascarillas a fábricas y negocios comerciales. También tengo clientes que buscan una mascarilla más ‘fashion’. Les hago las entregas por servicarro en el ‘parking’ de mi taller y las envío por correo. He tenido órdenes de distintos pueblos de la isla y también de Nueva York, Miami, Orlando, Chicago y Massachusetts y a diferentes pueblos de Puerto Rico”, comenta.

José Raúl señala que esta actividad no solo le ha traído un alivio económico a él en medio de la parálisis económica que se vive en el mundo, sino que también le da la satisfacción de emplear a más personas.

Al momento, el grupo ya ha confeccionado más de 5,000 mascarillas, muchas vendidas, pero también otras donadas a hospitales, modelos que desfilan en sus “shows”, familiares y clientes.

Aunque se ha encontrado con la limitación de la falta de materiales en algunas ocasiones, José Raúl asegura que todo este trabajo ha llegado como “una bendición”.

“Las tenemos a precios accesible para todo el mundo. No queremos lucrarnos para que todo el mundo pueda adquirirlas y protegerse”, concluye.

Ángel Guzmán

La necesidad de proteger a su padre, quien se encuentra en cama y delicado de salud, llevó a Guzmán a crear las primeras mascarillas. Luego, recibió una invitación para donar algunas piezas al Hospital Presby, publicó algunas fotos en sus redes sociales y desde entonces comenzaron las órdenes que lo han mantenido muy ocupado durante la cuarentena.

“Esto ha sido más que un cambio. Confeccionar las mascarillas de cierta manera me ha dado una inmensa satisfacción porque siento que a través de mi trabajo estoy ayudando a personas a protegerse y cuidar a los suyos. Es la necesidad del momento, tanto mis colegas y yo estamos para poder ayudar y proteger de alguna manera a las personas en lo que todo esto pasa. Hay que tener esperanza. Somos futuro”, dice con entusiasmo.

Guzmán confecciona las mascarillas en su taller y las envía por correo o coordina con los clientes para que pasen a buscarlas, siguiendo todo el protocolo de seguridad.

Entiendo que mis clientas y personas que han llegado a través de mis redes sociales están muy contentas y satisfechas con las mascarillas, me elogian y agradecen mi labor tanto es así q vuelven hacer órdenes”, añade.

El diseñador señala que, a raíz de toda esta situación, ha tenido que hacer un alto a su agenda que incluye la creación de vestidos para “proms” y peticiones de clientas regulares. “Ahora es cuestión de esperar a nuevas fechas futuras para así poder realizar el trabajo”, asegura.

Jean Cintrón

El pasado 16 de abril, Cintrón anunció a través de Instagram que tenía mascarillas disponibles en su página web. Eran cerca de 120 y se vendieron en 15 minutos. Días más tarde, puso a la venta 200 más, las cuales solamente duraron 10 minutos.

“Al principio no veía las mascarillas como algo necesario. La clientela lo pidió y decidí hacerlas con las telas de los vestidos que hago. Es una pieza que vamos a tener que llevar por un tiempo y qué mejor que se trate de algo que se vea bonito además de que te proteja”, comenta.

Pero, la respuesta de su clientela ha dejado asombrado al joven diseñador y también lo ha hecho consciente del potencial que tiene la venta de sus creaciones a través del comercio electrónico.

La foto de las mascarillas es la más compartida en todo mi Instagram. De tener 5,000 ‘viewers’ semanal subió a 20 mil. La segunda vez que tuve la venta fue un poco frustrante porque recibí comentarios de gente que decía que mi página no servía y la realidad es que no hay sistema que aguante la pieza porque la tienes en el carrito compras. Al principio me sentí mal, porque me estaba esforzando, pero también entendí que la gente no sabe la realidad que hay detrás de esa mascarilla. Las confecciono yo solo en mi casa, con la ayuda de mis papás”, comenta.

A principios de la cuarentena, Cintrón decidió hacerle algunos cambios a su página web para comenzar a vender algunas de las piezas “ready to wear” que tenía en su recién inaugurada tienda en Santurce. El primer ítem que vendió fue una colección de correas con sus iniciales y fue todo un éxito. Las 40 que estaban disponibles se vendieron en una hora.

Esto le ha demostrado a Cintrón que tal vez es tiempo de crear una línea más comercial con su logo más visible, un proyecto que ya está ideando.

Además, la cuarentena lo ha acercado de nuevo a la tarea de sentarse frente a la máquina a coser.

“Hace tiempo que no me sentaba en la máquina porque tengo siete empleados que me ayudan a hacer las colecciones. Llevaba un tiempo haciendo el patrón y cortando la pieza, pero no la cosía. Este tiempo frente a la máquina ha sido una terapia”, asegura.

Stella Nolasco

Con un taller que se mantiene en constante movimiento con las órdenes de sus clientas y una tienda que se suple de todas sus creaciones, Nolasco vio la necesidad de emplear el tiempo en cuarentena en crear mascarillas que les dieran a sus seguidoras un estilo particular. Pero, además, la diseñadora sabía que este proyecto también sería de gran beneficio para quienes trabajan con ella.

“La idea de confeccionar mascarillas surgió con el propósito de lograr que mis modistas continuaran generando algún tipo de ingreso. En estos momentos me siento muy orgullosa de nuestras modistas y costureras quienes se han convertido en las principales proveedoras para sus familias”, asegura.  

Las mascarillas de Nolasco están hechas con doble tela guardando un espacio para introducir la entretela o cualquier otro tipo de filtro.  Cada mascarilla viene con dos entre telas intercambiables y lavables. 

“La confección no es tan sencilla como podría ser bajo otras circunstancias. Las modistas trabajan desde sus hogares en distintas zonas del área metro. Muchos de los materiales son casi imposibles de encontrar. Somos afortunadas porque cuento con muchísimas telas en mi atelier y estas son las que hemos estado utilizando, ya que todavía no tenemos mucha accesibilidad a materiales. Cada día es un reto”, añade.

Nolasco destaca que, además de la protección que puede ofrecer cada mascarilla, a su clientela le ayuda a mantener positivismo y esperanza en estos tiempos difíciles. La diseñadora agradece la gran acogida que han tenido sus creaciones, disponibles a través de stellanolasco.myshopify.com y las cuales se envían por correo.

Al momento la demanda es muy grande y vendemos todo en menos de 15 minutos por lo que estamos en búsqueda de más personal de costura, quienes pueden trabajar desde sus hogares en cualquier pueblo de la isla. Los interesados nos pueden enviar un correo electrónico con su número de teléfono a [email protected]”, exhorta Nolasco, quien añade que, con las ventas de los cubrebocas también han podido ayudar a varias fundaciones locales con fondos monetarios y con la donación de mascarillas.

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