Loader

En exclusiva con Isabella Heseltine: una mujer con carácter que no pasa desapercibida

Anfitriona de un emporio de gastronomía y ambientes acogedores en España que ahora también se muda a la Isla
  • Por Rosa María Gonzalez Lamas
  • 25 AGO. 2019 - 08:00 AM
Photo
Isabella Heseltine es la propietaria del Grupo Isabella’s, un trío de espacios gastronómicos que son institución en Barcelona y pronto esperan ser cuatro con un local en Madrid. (Fotos: Suministradas)
  • Compartir esta nota:

Como tantas mujeres que se han reinventado al cerrar y abrir etapas, Isabella halló en la olla de memorias culinarias con que había conquistado a sus amigos españoles como anfitriona en casa, un color para pintar el globo con que alzó un vuelo cuyo excitante recorrido probablemente ni ella misma vislumbró.

Aquel talento hospitalario le tuvo que venir de casta. Su madre, francesa, y su padre, un Heseltine, apellido con pedigrí inglés que bautizó a lores, políticos influyentes, músicos famosos o a su propio padre, un diplomático de las Naciones Unidas que hablaba once idiomas y, en opinión de su hija, era muy carismático, una cualidad que ella heredó.

Hay que conocer su historia para descifrar ese acento italiano entremezclado con el catalán cuando habla un español que se condimenta con dejes caribeños. Espontánea, segura de sí, determinada, intensa, emprendedora y fascinante, Isabella Heseltine es, ante todo, italianísima. Una mujer con carácter que no pasa desapercibida y como buena italiana habla imparable y enfatiza con las manos, tocando constantemente a su interlocutor para hacerle evidente su cercanía y calidez.

Nació en Roma y allí creció admirando el gran talento materno para la cocina. “Recuerdo los domingos en casa de mis padres ansiosa por probar la lasaña de mi madre. Llevaba berenjena, mozzarella, ricotta y salsa de tomate. El olor me recuerda a ella”, relata en exclusiva a Magacín.

Pero aunque consideraba a su mamá una cocinera divina, a quien Isabella observaba embelesada era a la cocinera de casa, de quien entre efluvios embriagadores fue aprendiendo los secretos de los guisos, la pasta, i risotti y muchisísimas recetas con el mejor sabor a Italia.

Además de las sazones le atraía el fútbol, así que cuando a los 25 años a la joven que habla italiano, francés, inglés y español y había estudiado para ser intérprete unos amigos la invitaron a Cataluña para un partido entre la Roma y el Barça, no dudó. No dudó y no regresó. Quien ganó por goleada fue su primer esposo, un aristócrata y empresario catalán a quien conoció durante el viaje y terminó convirtiéndose en padre de sus hijos. Así, tras vivir en Italia, Francia e Inglaterra, Isabella hizo de España su hogar, convirtiendo el suyo en edén de encuentros entre amigos, a quienes deleitó con menús inspirados en las deliciosas memorias de su madre, su cocinera y aquella Italia que le habían inculcado el arte del gusto.

Pero, igual sus padres, se divorció. Y aunque no descartó regresar a Italia, estaba tan afincada en España que determinó quedarse allí. Entonces, al verse sola con sus hijos, recordó la insistencia con que los amigos que recibía en casa le recomendaban abrir un restaurante, así que un día determinó hacer de la cocina su púlpito y enviarles un email anunciando el menú que estaría disponible para recoger. Al día siguiente, tenía cientos de pedidos y así nació “La Cucina d’Isabella”, como se llamó aquel servicio de órdenes, primer peldaño de una deliciosa Scala Dei que la ha hecho escalar las más altas cotas de popularidad y respeto en la escena gastronómica de la Ciudad Condal.

De aquellos envíos para amigos que muchas veces llegó a entregar ella misma en moto, pronto surgió la oferta para abrir un restaurante en propiedad, Isabella’s, el primero de Grupo Isabella’s, un trío de espacios gastronómicos que son institución en Barcelona y pronto esperan ser cuatro con un local en uno de los distritos más gastronómicos de Madrid.

Localizado en la zona alta de Barcelona, Isabella’s es un clásico la ciudad y uno de sus mejores restaurantes italianos. De ubicación discreta, es un restaurante de vecindario, un punto de encuentro relajado, sin pretensiones de lujo, pero original y elegante, con buen servicio, una sólida cocina basada en la sencillez, la familiaridad, la autenticidad y excelentes materias primas, adornada por un ambiente acogedor con armoniosa decoración ecléctica y un aire vintage, pero, más importante, el alma de su propietaria que ha logrado edificar una clientela fiel y asidua, convertida en familia extendida gracias a la cercanía de su trato, su vocación de conectar y su hechizante don de gentes que les hace sentir como en casa.

“En Italia la mesa es la mejor herramienta para relacionarse con las personas. Lo mejor para tener a alguien contento es darle de comer. La comida tiene un poder sanador”, dice el alma de este restaurante al que acude desde gente de toda edad en busca de una comida agradable con creaciones sencillas pero emocionantes, hasta las celebridades y personalidades del más alto nivel.

La carta de Isabella’s es de inspiración mediterráneo-italiana con un menú clásico dividido entre pasta, pizza y sugerencias del día dictadas muchas veces por la temporada y algún toque creativo.

“La tagliata de solomillo al romero con parmesano ha sido el plato estrella desde siempre, no lo podría quitar del menú”, relata, indicando que uno de los secretos de la perdurabilidad de Isabella’s es haber mantenido la continuidad de su carta. “Soy una cocinera clásica. A la gente no le gustan los cambios. Quieren comida reconforante. Relacionan a un restaurante con un plato y regresan a buscarlo. No soy de inventos. Lo que tiene éxito es lo de antes”, afirma, añadiendo que con frecuencia sus clientes procuran los platos que ven en su Instagram.

Esa misma filosofía es la que aplica a los otros locales que llegaron tras ese Isabella’s, el Isabella’s By The Sea, en Calella de Palafrugell en la Costa Brava, y Bella’s, una trattoria en la avenida Diagonal barcelonesa, con buen ambiente para copas nocturnas. Los locales mantienen la esencia del Isabella’s original así como muchos de sus platos emblemáticos, aunque en el primero también se trabaje mucho con frutos de mar y el segundo, dirigido a un público más joven, haga hincapié en pasta y pizza. El Grupo importa gran parte de sus ingredientes directamente de Italia.

Primero cocinera, ahora empresaria, su día a día en los restaurantes comienza sobre mediodía, cuando llega a revisar el orden de todo, las flores, los manteles y, casi como “mamma” grupal, la unidad de su equipo de colaboradores y, por supuesto, también la cocina.

“Sé cocinar para 20, pero no para 200. Cuando necesito crear traigo al cocinero a trabajar a casa”, explica, añadiendo que el de los restaurantes es un negocio muy drenante y sacrificado, especialmente en proyectos como los que regenta que diariamente dan de comer a más de medio millar de personas. “Tuve éxito porque estaba sola, mis hijos estaban ya grandes”, confiesa quien está deseosa de que la hagan abuela, haciendo hincapié en las grandes dificultades que comporta conciliar la vida familiar con el manejo de un restaurante.

Su hija, Valentina Garí, vive en Barcelona y es diseñadora con un estilo que su madre define como joven, alegre y elegante. “Soy afortunada cuando me regala una prenda suya ya que las llevo muy a gusto”. Pero también es agraciada porque su hijo Marco hoy es su principal colaborador en Grupo Isabella’s, al que se incorporó porque ella le pidió ayuda por un día y él terminó dejando su trabajo de economista en los negocios de su padre para quedarse manejando los restaurantes de la mamma. “Si no le hubiera tenido habría tenido que venderlos cuando conocí a Richard”, admite.

Que conocería a un viudo, se casaría y se iría a vivir con él a una Isla se lo había predicho casi con precisión cronológica una pitonisa. Isabella, que es muy espiritual, está convencida de que la llegada de Richard Carrión a su vida fue un encuentro confabulado desde el más allá.

Fue un flechazo fulminante, un romance maduro como el de Meryl Streep y Robert Redford en “Memorias de África”, su película favorita, cuya llama encendieron unos versos de D.H. Lawrence, íntimo amigo del abuelo de Isabella. En apenas tres meses enlazaron formalmente sus vidas y así, desde hace unos tres años, Isabella también enlazó la suya a nuestra Isla dividendo su tiempo entre riberas atlánticas.

Porque si Isabella tiene una personalidad arrolladora que transmite su energía radiante como el sol que ilumina Mediterráneo y Caribe, también vive profundamente enamorada de su esposo, a quien admira por su cultura, inteligencia y afecto por Puerto Rico. “Yo soy rubia y lista, pero él es inteligentísimo. Ha sacrificado más que yo en este ir y venir”.

A ella le encanta la forma de ser de los puertorriqueños y se lleva muy bien con los dominicanos, que componen una parte importante de la plantilla de sus restaurantes y confiesa se entienden de maravilla con su marido. “Adoran el café de Puerto Rico que siempre llevo a mi regreso a España”, detalla, añorando que sea casi imposible conseguir café boricua en aquellas latitudes.

Aunque su hogar está en Barcelona, poco a poco ha convertido a la Isla también en su casa, haciendo cada vez más amistades, aunque con el reto de las limitadas oportunidades de compartir por el poco tiempo que aún pasa en Puerto Rico, donde nunca antes había estado, salvo de tránsito rumbo a las Antillas Menores. Aquí aprovecha su tiempo atendiendo temas administrativos y también revisando menús.

Como a su hijo Marco, le encanta comer, con la fortuna de no engordar. Aprecia el buen pan, como el que un panadero surte a sus restaurantes, y extraña que en Puerto Rico escaseen las panaderías al estilo europeo. Se define más de tapeo, muy de plato de cuchara, churros y comida callejera que de restaurantes con estrella Michelin. Recomienda a Tel Aviv como un desconocido destino gastronómico y le entusiasma un próximo viaje a China, por las novedades culinarias que este país, que aún no conoce, le pueda aportar.

Sigue cocinando para amigos y, para ser un buen anfitrión gastronómico, aconseja mantener los platos sencillos, pero usando ingredientes de máxima calidad. ¿Vinos? Le encantan los de Rioja, por supuesto franceses y preferiblemente italianos. Ahora que pasa más tiempo en América empieza a descubrir los estadounidenses, especialmente de pequeños productores o zonas como Oregón.

De elegante sencillez y natural en su forma de conducirse y acicalarse, es de poco maquillaje y resume su rutina de belleza en agua y jabón. Le gusta que su cabellera luzca sus ondas naturales y, de su esposo, aprendió a realizar una rutina diaria de gimnasia. “Tu ser es tu tesoro más importante y dedicar 45 minutos diarios a tu salud, a ti, ayuda al equilibrio y a ser más productivo”.

Practica el golf y le gusta el deporte, aunque “en Puerto Rico el calor complica su práctica al aire libre”. Es, el calor, casi la única cosa que le cuesta de la Isla, aunque no sería impedimento para ponerse manos a la obra en un fogón solidario y quien sabe si llegue a dar forma a la posibilidad de recorrer la Isla en un “food truck” para apoyar proyectos comunitarios.

De su abuelo, Philip Arnold Heseltine, un compositor británico de enorme talento mejor conocido como Peter Warlock, cree haber heredado su pasión por la música clásica y la ópera. Eso no quita que también aprecie ritmos como los de los especiales navideños del Banco Popular, de los que ha visto dos que le han parecido alegres y realizados con mucha sensibilidad.

Tras la cocina, el cine es la gran pasión de Isabella, a quien gustan los thrillers y las películas de amor. También las fotos en blanco y negro, más que las de color. “Me encantan las de animales, soy muy National Geographic y tengo una colección que mi marido me ha ido regalando”.

Hay, pues, que suponer, que como en La Dolce Vita de Elsa y Fred, si no lo ha hecho ya, Isabella buscará hueco en sus complicadas agendas para ir de vacaciones al África de su película predilecta y allí contemplar en vivo y a color los leones de las fotos que tanto admira en blanco y negro, enriqueciendo, como siempre, la experiencia con memorias deliciosas.

  • Compartir esta nota:
Volver arriba