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Las amistades peligrosas de Juan Carlos I en el mundo árabe

Por años se ha puesto en entredicho la legalidad de los regalos que el rey emérito de España ha recibido de sus conocidos árabes
  • Por La Nación/ GDA Argentina
  • 18 AGO. 2020 - 10:52 AM
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La conexión entre las dos monarquías se fortaleció a raíz de la crisis del petróleo en los años setenta. (Foto: AP)
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La íntima relación del exrey Juan Carlos I con los monarcas del mundo árabe siempre significó para él una fuente inagotable de prebendas y riqueza.

Además de los 100 millones de euros que habría recibido en comisiones ilegales por el contrato de construcción del tren de alta velocidad en La Meca, el antiguo Jefe de Estado recibió todo tipo de lujosos obsequios, como el Ferrari que le regaló el jeque de Dubai en 2011, el célebre yate Fortuna, gentileza del rey Fahd saudí, o un costoso apartamento en el centro de Londres propiedad del sultán de Omán. Todo ello, sin contar la asistencia en el palco de honor a eventos como Grandes Premios de Fórmula 1.

La culminación de la generosidad árabe hacia el Borbón retirado ha sido su acogida en Emiratos Árabes Unidos después de su polémica huida secreta de España el pasado 3 de agosto, pocas semanas después de la apertura de una investigación por parte de la Fiscalía del Tribunal Supremo por las comisiones del tren de La Meca. La información de su paradero fue confirmada ayer por la propia Casa Real después de más de diez días de confusión y rumores.

Para los monarcas árabes, acercarse a España a través de la Casa Real era una forma más de estrechar las relaciones con el todopoderoso Occidente, garantía de su seguridad en una región tan convulsa como Oriente Medio. Además, también había una dimensión romántica en la relación, ya que las memorias de un al-Andalus idílico, como se conocía la Península en tiempos de la conquista musulmana, ocupan un espacio privilegiado en el imaginario colectivo árabe.

La cuestión sobre el origen de las buenas relaciones entre España y los países árabes es de aquellas similares a la del huevo y la gallina. ¿Se aprovechó Juan Carlos I de las conexiones establecidas antes entre los gobiernos, o es el Estado quien ha sacado jugo de los vínculos personales del exrey con los monarcas árabes? Probablemente, ambas nociones son ciertas.

Marginado por Occidente tras la II Guerra Mundial, el régimen franquista buscó salir de su aislamiento cultivando sus relaciones con los países árabes, más allá de aquellos del Magreb, con los que se mantienen unos vínculos históricos que incluyen varios episodios coloniales. El apoyo de este grupo de países fue clave para el acceso de España a la ONU en 1955, y también explica que fuera el último Estado occidental en reconocer Israel, en 1986.

Aprovechando este legado, Juan Carlos I tejió sus lazos con los dirigentes árabes una vez se convirtió en cabeza de Estado. “Las relaciones son sobre todo estrechas con las monarquías árabes, todas ellas muy conservadoras, más que con las repúblicas. Sobre todo, con las del Golfo Pérsico, pero también con la de Jordania y Marruecos”, explica una diplomática española de alto rango que ha trabajado en el mundo árabe.

De todas las familias reales de la región, la que ha mantenido un vínculo más íntimo con la Zarzuela es la saudí. Según recoge El Confidencial citando una fuente anónima, el actual hombre fuerte del régimen, Mohammed ben Salman, habría asegurado en su visita a Madrid en 2018 que Juan Carlos I era el único extranjero que tenía en su agenda el número de teléfono de su padre, el rey Salman.

La conexión entre las dos monarquías se fortaleció a raíz de la crisis del petróleo en los años setenta, cuando el Gobierno solicitó al entonces joven monarca que intercediera para obtener petróleo saudí a un precio subvencionado. Los años siguientes, el rey recibió una comisión por cada petrolero saudí que atracaba en un puerto español, un hecho conocido por el Ejecutivo y buena parte de la clase política, que optó por hacer la vista gorda. Después vendrían las fastuosas visitas a Marbella de los reyes Fahd y Abdalá, a las que pondría fin al actual rey Salman.

Incluso después de su abdicación en 2014, ha continuado manteniendo una relación estrecha con los monarcas árabes, o príncipes como el saudí Walid bin Talal, un emprendedor y el hombre más rico del mundo árabe. Así, el año pasado, el rey al-Khalifa de Bahréin se desplazó a Madrid sólo para visitar a Juan Carlos I tras una operación.

Proceso de “sanitización”

Sin embargo, con Felipe VI al frente, la Casa Real se ha distanciado del mundo árabe. “Para empezar, Felipe viaja poco. Es diferente de su padre, tiene una agenda propia. Apenas ha hecho alguna visita al Golfo. En cambio, sí que ha visitado dos veces Túnez, el único país donde ha triunfado la transición democrática”, sostiene la diplomática española.

Un investigador en Relaciones Internacionales ha calificado este enfriamiento con las monarquías árabes como un proceso de “sanitización”. No en vano, el malogrado viaje a Botsuana del rey emérito, el inicio de su descenso a los infiernos, había sido financiado por el rey saudí Abdalá.

Con Marruecos, el distanciamiento es anterior, y se sitúa en la fecha de acceso al trono de Mohamed VI, en 1999. Durante la crisis de la isla Perejil, el presidente Aznar no permitió ninguna gestión por parte de Juan Carlos I, como explica el periodista Ignacio Cembrero en su libro ‘Vecinos Alejados”.

Ni el rey emérito, ni Felipe VI definen a Mohamed VI como ‘hermano”, tal como sucedía con su padre, Hassan II. “La actitud de Mohamed VI no ayuda nada. Pero no sólo con España. Tiene un largo historial de desplantes, con líderes como Erdogan o Merkel incluidos”, asegura el investigador.

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