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Melvin Román, un padre fuera de liga

El principal agente de peloteros latinos en las Grandes Ligas abre las puertas de su hogar para hablar de sus grandes pasiones: familia y béisbol
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Como agente, afirma, ha sabido ser padre, psicólogo, consejero matrimonial, doctor, contable, un poco de todo. (Rosario Fernández Esteve)
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El momento decisivo en la carrera de Melvin Román llegó cuando tenía 17 años. Entonces, era un joven adolescente que aspiraba a ser pelotero de Grandes Ligas. Buscando su sueño partió de la urbanización Alturas de Flamboyán, en Bayamón, a Hill Junior College, en Texas, donde estudiaría becado sus primeros dos años para luego irse a Southeastern Oklahoma State University a seguir educándose y jugar béisbol.

Recuerda que toda su familia, incluyendo tíos, primos y amigos, lo llevaron ese día al aeropuerto Luis Muñoz Marín para despedirse. Atrás dejaba a su querida comunidad, su escuela Luis Palés Matos -donde se graduó de cuarto año- y los parques donde dio sus primeros pasos en el béisbol.

Con la determinación de lograr su meta, se montó en el avión y no miró atrás. Pero durante aquellos primeros días solo en un país desconocido, donde se hablaba otro idioma, Melvin dudó. “Durante esas primeras dos semanas, todos los días quería regresar a Puerto Rico, pero ahí vino mi papá y me dijo algo que se lo agradezco hasta hoy. Recuerdo que le quitó el teléfono a mi mamá y me dijo, que, si verdaderamente quería progresar, tenía que sacrificarme. ‘No puedes estar todos los días así, si te quieres venir, te compro un pasaje y te vienes mañana, so qué vas a hacer’. Fue entonces que le dije que no, que me quedaba y que le iba a meter ganas. Gracias a ese consejo y a ese apretón de padre a tiempo, me quedé, si no seguramente hubiese venido a Puerto Rico y no estaríamos tú y yo hablando”, relata Melvin Román una mañana en su oficina en MDR Sport Management, su firma de representación de peloteros que opera desde Guaynabo.

Román es actualmente el principal agente de peloteros latinos en las Grandes Ligas con clientes como Yadier Molina y Roberto “Bebo” Pérez, así como el dirigente Álex Cora, entre muchos otros a quienes ofrece consejos similares a aquel que le ofreció su padre hace tres décadas. Como agente, afirma, ha sabido ser padre, psicólogo, consejero matrimonial, doctor, contable, un poco de todo. Esa paternidad extendida que vive a diario con sus clientes ha nutrido su rol de padre de los gemelos Brandom y Camille, de 10 años, y de su hijo de crianza, Luis Pacheco, de 21 años. Junto a su esposa, Brenda García, ha podido lograr un balance entre su ajetreada agenda de trabajo y su familia, la cual es prioritaria en su vida.

Su compañía maneja alrededor de 80 peloteros hispanos, cuenta con 12 empleados y tiene presencia en Puerto Rico, Estados Unidos, República Dominicana, Venezuela y Colombia, pero aún así Melvin busca la manera de hacer hueco para los suyos, como lo hicieron sus padres Benito Román e Iris Cruz, quien falleció en el 2003. El apoyo de ellos, así como de sus hermanos mayores Benito e Iris Arlene, fue determinante para la carrera de este empresario, cuya determinación, pasión y disciplina lo han llevado a ser reconocido como uno de los mejores en su campo.

Fue su madre, Iris Cruz, quien era maestra de inglés, la que lo introdujo desde pequeño en el béisbol para que siguiera los pasos de su hermano mayor, que también jugaba. “Era la primera que estaba lista para ir al parque y como mi papá siempre estaba trabajando, ella era la que se metía conmigo al parque y me tiraba las bolas. Fue una influencia bien grande. Pero la verdad es que los dos, tanto papá como mamá, siempre estuvieron ahí y no fallaron ni a una práctica ni a un juego”, comenta sobre su amor al béisbol.

Melvin Román jugó pelota profesional en liga menor con los San Francisco Giants. Durante ese periodo comenzó a despertar su interés en defender y ayudar a otros peloteros latinos, muchos de los que eran engañados con contratos y promesas falsas porque desconocían el idioma. Su sueño, en ese momento, sin embargo, era llegar a jugar en las Grandes Ligas. Pero el destino le tenía preparado otro camino.

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¿Todavía existe prejuicio contra los atletas latinos en la MLB?

Creo que todavía no existe igualdad. Todavía se le trata de pagar menos a los peloteros latinos, pero ese es mi trabajo, defender los derechos de los jugadores latinos y crear igualdad. Estar seguro de que el equipo respete los derechos del jugador y el valor del jugador que estamos representando. Todos los años vemos que un jugador que quizás tenga más valor, quieran firmarlo por muchos menos, y si la familia o el jugador no está bien orientado y no tiene la persona adecuada y competente al lado haciendo su trabajo, lo cogen de lo que no son.

Comienzas tu compañía en el 2006, ¿cómo fue dar ese paso?

No fue fácil, pero ya yo estaba listo para hacerlo y fue un paso riesgoso porque estaba joven en mi carrera. Yo tenía 35 años y ganaba bien. Estaba sólido y era el presidente de la división de Latinoamérica en esa compañía de Chicago. Pero una de las cosas que me ayudó es que en ningún momento miré pa’ atrás, en ningún momento dudé de mi decisión. Muchos de la industria juraban que iba a durar tres o seis meses, porque en aquel tiempo era el único latino que se lanzó a hacer su propia compañía, pero aquí sigo.

¿Por qué decides operar desde Puerto Rico?

Primeramente, porque soy puertorriqueño y estoy orgullosa de eso. Segundo, porque quería estar más cerca de mi papá después que mi mamá falleció, y tercero, porque no hay ninguna diferencia hacer este negocio desde Puerto Rico que hacerlo desde Ohio o Texas. La única diferencia es que quizás mis viajes son un poquito más largos y más costosos, pero estoy viviendo en el paraíso y estoy trayendo negocio aquí, a la isla.

Dicen que eres el Jerry Maguire de los peloteros hispanos, pero, ¿cómo te catalogas tú dentro de la industria?

Yo creo que he sido un visionario y creyente en el talento que nosotros los latinos podemos obsequiar.

¿Cómo es un día a día en tu vida?

Comienzo mi día relativamente temprano. A las 6:30 de la mañana ya estoy en pie. Desde que salgo de mi casa es en el teléfono, apagando fuego, cuadrando reuniones. Son días largos. Si no es que estoy en un avión viajando para visitar clientes, prospectos clientes o para reuniones con equipos, pues estoy aquí en la oficina manteniendo las relaciones con los jugadores, asegurándome que todo esté corriendo bien. En eso, mi esposa busca los nenes a la escuela, los lleva a las prácticas, y yo me uno a ellos por la noche, para cenar. Después que los nenes se acuestan, es compartir un rato con mi esposa y después volver al teléfono para revisar emails, contestar textos, revisar los resultados de juego de los jugadores. Usualmente me acuesto entre 1:00 a 2:00 de la mañana.

¿Cómo sabes a qué atleta firmar? ¿Qué buscas en ellos?

Creo que es la proyección. Además de tener buenas herramientas, como que corra, que bateé, que fieldeé, que haga todas esas cosas que hacen los peloteros, pues que tenga un compromiso. Creo que el círculo familiar y ese apoyo familiar, esa estructura, es parte esencial de lo que es el éxito del jugador. También es importante la dedicación y respeto a su trabajo, que no esté en la película. Hay muchos que juegan bien y no llegan a nada porque no tienen ese respeto por su carrera.

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¿Cómo cruzas al otro lado del negocio?

Sucede que jugué profesional con San Francisco Giants por un tiempo hasta que me dejaron libre. Tuve como tres equipos con los que podía firmar nuevamente, pero a la vez estaba siendo reclutado por esta agencia (de manejo de peloteros) para irme a trabajar a Chicago y empezar a desarrollar el departamento de Latinoamérica de la compañía. En ese momento me proyecté en dónde estaría a los 34 o 40 años y me di cuenta de que mis oportunidades para jugar en las Grandes Ligas estaban limitadas, no por el talento, sino porque las apuestas estaban en mi contra. En aquel tiempo, que tenía 25 años, me senté y le dije a mi papá y a mi mamá ‘me voy a retirar, voy a coger este trabajo’. Decidí irme del lado de los jugadores para defender y  representar a los peloteros latinos que mucha ayuda necesitan en este proceso. Ahí comenzó la historia. Nunca miré atrás, nunca dudé de mi decisión. Una vez hice eso me olvidé, en parte, de que fui jugador porque si quieres tener éxito en este campo no puedes pensar como un jugador tienes que pensar como negociante.

¿Quién fue la persona que te dio esa primera oportunidad y qué vieron en ti?

La persona que me reclutó se llama Willie Sánchez. Era un agente -ya retirado- que estaba concentrado en el mercado latino y tenía un empleado en Puerto Rico que se llama Miguel Villarán. Willie le dijo a Miguel que necesitaba una persona joven, con estudios universitarios, que hubiese jugado, que fuera bilingüe, y él dijo ‘lo tengo’.

¿Esa experiencia como atleta te ha ayudado a ser un mejor agente? ¿Son muchos los jugadores que entran a este deporte pensando en ser ricos?

Te diría que la mayoría de los jugadores entra por el amor al béisbol. Los que entran pensando en ser ricos pienso que son los menos que tienen éxito. De la parte del agente, el que entra al negocio para hacerse rico está entrando por las razones equivocadas. Pienso que todo el que entra a este negocio tiene que entrar con miras a ayudar al jugador, a defender sus derechos a defender el mercado para que podamos seguir aumentando el valor de los jugadores.

¿Qué es lo mejor y lo peor de tu trabajo?

Creo que lo más satisfactorio para mí es el tiempo de negociación. La adrenalina de estar negociando ese contrato y estar argumentando por los derechos de mi cliente. Además de verlos crecer de jóvenes prospectos a estrellas multimillonarias, casados, con sus hijos. Ese desarrollo de verlos crecer, eso para mí es gratificante, glorioso y lo he visto muchas veces. No es lo que uno se gana, es lo que me llevo. La parte que no me gusta es que cuando los jugadores no valoran los sacrificios, dedicación y la honestidad y transparencia de uno y por alguna razón se van con una agencia norteamericana.

¿Cómo manejas el tiempo para estar con tu familia?

Siempre trato de hacer mi itinerario a base de los compromisos que tenga con la familia, compromisos de la escuela, los juegos de pelotas y de soccer de mi hijo, las actuaciones de cheerleading de la nena. Cuando estoy en Puerto Rico trato de estar más tiempo con ellos y en mi casa darle calidad de tiempo. También nos encanta la playa y tengo bote, soy marino, y ahí compartimos mucho. Esa es mi distracción, mi escape.

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¿Te gustaría que se conviertan en atletas profesionales o que se dedicaran a otra cosa?

El nene grande está más dirigido a lo que es cinematografía y ya tiene su dirección de hacia dónde quiere ir. Brandom, el de 10 años, creo que es un atleta innato, brillante y me pregunta mucho del negocio. Y la nena es gimnasta y cheerleader. Me gustaría que ellos puedan a través del deporte tal vez tener una carrera universitaria, en términos de beca. Me gustaría que los estudian fueran lo primero, y luego, si tienen el talento suficiente para una carrera profesional pues claro, pero el enfoque nuestro es la educación.

¿Hubieses preferido ser un pelotero de grandes ligas antes que agente?

Si me hubiesen dado a escoger, yo pienso que escogería lo que estoy haciendo ahora.

¿Por qué?

Porque pienso que me ha dado la oportunidad de ayudar a muchas personas y porque aquí puedo estar muchos años. En el béisbol tú sabes que a los 34 o 35 años te liquidas. Creo que aquí puedo estar mucho tiempo, además de que siento pasión pasión en manejar y ayudar a otras personas a echar hacia adelante.

¿Cuánto tiempo más te visualizas haciendo esto?

Muchos años más. Pienso que como 15 años más tal vez.

Por ahí viene pronto el Día de los Padres. ¿Ser agente es un poco ser papá?

Definitivamente. Yo creo que ser agente es ser papá, amigo, hermano, psicólogo, consejero matrimonial, es ser muchas cosas y tener muchas gorras al mismo tiempo. Por eso pienso que la relación con nuestros clientes dura tanto porque van más allá de lo que es una relación de negocios. Es algo de corazón a corazón.

Si pudieras pedir un regalo, el que fuera, para ese día, ¿cuál sería?

Simple. Que pudiéramos estar todos juntos y pasar un día maravilloso.

¿Un agente nace o se hace?

Creo que un agente se va haciendo en el camino.

¿Qué te ha dado la carrera?

Mucha satisfacción, mucha alegría, emoción y gratitud. 
 

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