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Nono Maldonado y la magnífica retrospectiva de su carrera

Un vistazo de los momentos más importantes en la carrera y la vida de uno de los diseñadores puertorriqueños más exitosos de todos los tiempos
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En sus años activo como diseñador de moda, Nono dedicó muchos de sus desfiles a la recaudación de fondos para entidades benéficas. (Rosario Fernández Esteve)
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Cuando se abrió el elevador que lleva al segundo piso del Museo y Centro de Estudios Humanísticos Josefina Camacho de la Nuez, Nono Maldonado se llevó las manos al rostro, suspiró y se quedó en silencio. Una mezcla de emoción y agradecimiento se apoderó de él.

“Ojalá mis padres estuvieran aquí para ver esto”, fue lo que pensó al ver por primera vez el montaje de la exhibición “Nono Maldonado: el orden de las formas”, una retrospectiva de sus 50 años en la moda, que abre desde mañana en el museo ubicado en el recinto de Gurabo de la Universidad Ana G. Méndez (UAGM).

La retrospectiva se creó en conjunto con la Escuela Internacional de Diseño y Arquitectura (EIDA) de la UAGM como parte de un proyecto artístico y educativo que busca difundir el valor histórico y cultural de la moda puertorriqueña.

La esencia de la exhibición comienza a verse desde que se toma el elevador, con una pegatina que cubre las puertas en la que se destaca una ilustración del artista Carlos Dávila Rinaldi, colaborador y amigo del modisto por varias décadas.

Al llegar al segundo piso, la bienvenida la dan 10 maniquíes negros vestidos con creaciones de Nono en diversos momentos de su carrera y a los que se unen otros 35 que están en el salón principal. La muestra también cuenta con las portadas de la revista Esquire en la que Nono trabajó como editor de moda en los años 70, un documental y fotos de sus desfiles y de momentos importantes de su vida.

“Como esto viene de una propuesta de la Fundación de las Humanidades para hacer una producción académica, se pidieron ensayos de las instancias de Nono, que fueron hechos por académicos y miembros de la prensa. Los vestidos en los maniquíes se enlazaron con el tema de los ensayos que son Mayaguez, arquitectura, urbanismo, cine, sociales, periodismo e historia”, explica Aurorisa Mateo, decana de la EIDA.

La exposición estará disponible para el público general que desee disfrutar de la carrera de este diseñador que ha sido pionero en muchos aspectos del desarrollo de la industria de la moda local.

“Estamos contando algo histórico. Es la oportunidad de abrirles los ojos a muchos estudiantes que han pensado escoger la moda como foco de estudio y ya concretamente lo van a ver como una posibilidad de desarrollo”, destaca David Méndez, rector del recinto de Gurabo de la UAGM.

Moda, pasión y glamour

Es imposible hablar de las cinco décadas de carrera profesional de Nono sin que en el relato se incluyan detalles de su vida personal. Por eso, el “timeline” que forma parte de la exhibición comienza con la fecha del 10 de agosto de 1945, día en el que nació José Antonio Maldonado Fulladosa, en Mayaguez, Puerto Rico.

El nombre de sus padres -Raúl Maldonado Santaella y Esperanza (Piry) Fulladosa Alemañy- también aparecen en ese primer bloque de texto, pues para el diseñador ellos fueron su pilar, quienes siempre creyeron en él y, sin saberlo, lo fueron guiando en su camino por la moda.

“No estudié nada de esto, pero en mi casa vivía fascinado por mis padres, que salían todas las noches. Mi madre se vestía muy bonito, mi padre igual, entonces me fascinaba todo ese cuento de la moda, que no entendía que era moda”, comenta.

Aunque Nono parezca un nombre artístico, ese apodo lo tuvo desde muy temprano en la vida, cuando uno de sus primos no podía pronunciar bien el nombre de José Antonio y le llamó Nono.

No obstante, luego de graduarse de escuela superior del Colegio San Ignacio de Loyola y presto para marcharse a estudiar mercadeo en Fordham University, en Nueva York, Nono sabía que su apodo podía ser difícil de entender en esa ciudad y decidió presentarse como José Maldonado. Aunque pronunciado de diversas formas, el nombre de José Maldonado logró calar hondo en el escenario de la moda neoyorquina de los 70.

La primera oportunidad profesional llegó como asistente de comprador en el departamento para jóvenes de la tienda Bloomingdale’s, que en aquel momento era la que marcaba la tendencia entre los de esa edad. Su buen gusto y habilidades lo llevaron a convertirse en el comprador más joven hasta ese momento en la tienda.

En el año y medio que laboró para Bloomingdale’s conoció a muchas personas que marcaron su vida. “Conocí a Pierre Cardin porque se iba a hacer una línea para hombre en conjunto con él, pero para los más adultos, no para estudiantes. Presenté la idea de hacer con él una línea para jóvenes y me escucharon. Se desarrolló la línea y se vendió. Esa amistad continuó cuando me convertí en editor de moda”, recuerda.

Nono también fue asistente del diseñador Luis Palacios, de Palacio Boutique y luego laboró con Ken O’Keefe en Men’s Fashion Association, una agencia de publicidad dedicada a la industria de moda de aquella época. “Ahí conocí toda la prensa de Estados Unidos. Entré en un mundo sofisticado y a pesar de que tenía cierto acercamiento a la moda, la realidad es que no sabía nada, porque esas son cosas que se aprenden en la calle”, asegura.

Su llegada a la revista Esquire se dio en un momento de cambios en la gerencia. Aunque quienes lo contrataron salieron de la publicación antes de su primer día de trabajo, este permaneció y conoció a una de sus grandes maestras; la editora Rachel Crespin.

“Ella sabía de magacines, pero no de ‘menswear’ y yo sabía de ‘menswear’ pero no de magacines. Nos hicimos muy amigos. Éramos el dúo dinámico de Nueva York. Tenemos una foto de Bill Cunningham, que está aquí (en la exposición). Empezamos a producir las páginas más bellas que se han hecho de Esquire Magazine”, recuerda.

En aquella época, Nono tenía una vida llena de éxito, fiestas y glamour. Ya para ese entonces acostumbraba vestir de negro, sobre todo para las salidas nocturnas, pero la pieza que lo identificaba era el ‘jean jacket”. “Era la época de la ropa a la medida, un mundo maravilloso en la moda masculina”, puntualiza.

Cuando Crespin dejó la revista, quien tomó la dirección de la publicación fue Max Evans, a quien la popularidad de Nono en los círculos de la moda le provocó celos y en un “recorte de presupuesto” se eliminó la plaza de trabajo.

“En esa época, como tenía contactos, me fui ‘freelance’. Hacía catálogos con muchos de los fotógrafos con los que había trabajado en la revista. En ese momento me pagaban $500 por día por hacer un ‘styling’. Fiestaba y bailaba en las noches y hacía ‘styling’ de día”, cuenta.

Pero en 1976, Nono sintió el deseo de regresar a su país y comenzar a poner en práctica todo lo aprendido a través de colecciones de ropa para hombres. “En la Avenida Ashford fue mi primera tienda, al lado del Vanderbilt. Pedí mis modulares en ruedas para cambiar la tienda en dos segundos”, cuenta.

Para ese tiempo su camino se cruzó con el de Polo McConnie, a quien describe como su complemento perfecto. De hecho, en la creación de esta exhibición, McConnie ha sido pieza fundamental, pues es quien ha mantenido la memorabilia ordenada y en excelentes condiciones. “Hemos desarrollado un negocio juntos, es mi mano derecha y es la persona que completa mi vida. Es mi crítico número uno”, confiesa.

Con el tiempo empezó a ofrecer piezas para mujer hechas por algunos de sus amigos hasta que en el 1980 diseñó su primera colección femenina y así comenzó una era llena de éxito que duró hasta el 2009, cuando dejó a un lado la moda para dedicarse al diseño de espacios.

En sus años activo como diseñador de moda, Nono dedicó muchos de sus desfiles a la recaudación de fondos para entidades benéficas. Fue el primero entre sus colegas en presentar dos colecciones al año -de acuerdo a como se hacía a nivel internacional- y en el 2001 decidió agrupar a varios de los diseñadores locales para crear el San Juan Fashion Week, en el que compartió crédito con Mirtha Rubio. Más adelante, estuvo junto a Caridad Fernández en la creación del concepto de Puerto Rico High Fashion Week.

A lo largo de su carrera, Nono ha hecho transiciones importantes y asegura que todo ha sido “por atrevimiento” y también ha estado rodeado de una familia amorosa y grandes amigos que lo han acompañado.

“Mis padres fueron muy importantes en mi vida. Mis padres siempre les dieron mucha importancia a las amistades. Crecí rodeado de sus amigos porque en mi casa siempre había algo, cuando no era canasta, era póker, un cóctel o iban a otro lado. Luego tuve una cantidad de amistades desde pequeño, que todavía conservo”, concluye. “La gente que te rodea no tiene precio”.

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